Pudo haber sido un maestro de escuela, y lo fue, porque se graduó de magisterio en Santiago de Cuba. Pero la música le corría por las venas con más fuerza. Pascasio Alonso Fajardo, nacido en Santiago de Cuba el 22 de agosto de 1928, era hijo de una puertorriqueña que tocaba el piano y cantaba.
Creció entre dieciséis hermanos y, a los siete años ya actuaba en el antiguo Teatro Coliseo de su ciudad. Cuando se graduó de maestro, le entregó el título a su madre y le dijo: «Esto es suyo, lo mío es la música». Y nunca volvió a apartarse de los escenarios.
En 1951, Mariano Mercerón lo contrató como vocalista de su orquesta, donde compartió micrófono con Fernando Álvarez y el mismísimo Benny Moré. Eran conocidos como Los Tres Mosqueteros. Pacho, junto a Fernando, le hacía el coro a Benny, aprendiendo del Bárbaro del Ritmo los secretos de la interpretación.
Su mayor hazaña ocurrió en 1964, cuando su amigo Enrique Bonne le propuso crear un ritmo nuevo. La idea nació del sonido del café molido en el pilón de madera que usaban los campesinos orientales. Así nació el pilón, que se popularizó en los carnavales habaneros de 1965.
Pero Pacho no se detuvo ahí. Junto a Bonne, creó otros dos ritmos que hicieron bailar a Cuba entera: el simalé y el upa-upa. Con temas como «Rico pilón», «Con el ritmo simalé» y «Upa upa», Pacho se convirtió en el hombre que le dio tres ritmos a su país.
Su aporte al bolero fue igual de decisivo. Como afirmó el musicólogo Helio Orovio, Pacho «aportó dos cosas a nuestro canto popular. Una manera de decir el bolero con una cadencia y un aire que definirían como propios de los boleristas orientales».
Rompió la secuencia rítmica tradicional para dotarlo de un estilo más libre, muy cercano al feeling. Su disco Una noche en el Scheherezada lo consagró como uno de los más grandes cultivadores del bolero, ganando el título de «fecundo cultivador del bolero filinoso».
Viajó por el mundo: la Unión Soviética, Francia, España, Italia, Panamá. En la exclusiva sala del Conservatorio Chaikovski de Moscú, se produjo por primera vez la presentación de un grupo de música popular. En la Feria de Barcelona le otorgaron la Medalla de Oro. Un año antes de morir, el Estado cubano le concedió la distinción Por la Cultura Nacional.
El 27 de agosto de 1982, recién cumplidos 54 años, Pacho Alonso falleció en La Habana. Pero su legado no se fue con él. Su hijo, Pachito, tomó la batuta y mantuvo viva la tradición. Pacho fue el maestro que cambió la escuela por un escenario, el bolerista que cantó con el alma y el creador que hizo bailar a un país entero con tres ritmos nacidos de la tierra.
Y aunque se fue temprano, su música sigue ahí, en cada bolero que se canta con sentimiento y en cada cubano que baila sin preguntar de dónde viene el ritmo. Porque Pacho Alonso no solo amó la música: la cantó, la bailó y la convirtió en fiesta. Y eso, como la vida misma, no tiene final.
Foto: Tv Yumurí
