La voz eterna de Laito Sureda

Laito Sureda

La música cubana del siglo XX estuvo marcada por intérpretes capaces de convertir cada canción en una confesión íntima. Entre esas voces que dejaron una huella profunda en la memoria sentimental del país sobresale Laito Sureda, un cantante dueño de una sensibilidad interpretativa singular y de una elegancia natural que lo convirtió en referente de la canción romántica y el bolero. 

Su manera de cantar no apelaba al exceso ni al artificio; nacía de la emoción genuina, de la cercanía con el público y de una profunda comprensión de las historias que llevaba a escena.

Estanislao Sureda Fernández, conocido artísticamente como Laito Sureda, nació el 7 de mayo de 1914 en Santiago de Cuba, ciudad considerada cuna de importantes tradiciones musicales cubanas. Desde temprana edad creció rodeado de sones, serenatas y boleros que alimentaron su vocación artística. 

Aquella atmósfera cultural moldeó una voz cálida y expresiva que más tarde encontraría espacio en la radio y en los escenarios más importantes del país. Falleció en La Habana el 15 de marzo de 1998, después de construir una trayectoria admirada por colegas, compositores y seguidores de la música popular cubana.

Sus primeros pasos profesionales estuvieron vinculados a emisoras radiales orientales, donde comenzó a llamar la atención por su timbre sereno y por una interpretación capaz de transmitir cercanía emocional. 

Con el paso de los años logró abrirse camino en el panorama musical nacional, integrando agrupaciones y colaborando con destacados músicos de su época. Durante las décadas de 1940 y 1950 su nombre alcanzó notable popularidad gracias a programas radiales y presentaciones en vivo que consolidaron su prestigio como intérprete romántico.

Laito Sureda encontró en el bolero uno de sus mayores territorios expresivos. Cada interpretación parecía hablada al oído, cargada de matices y sensibilidad. Su estilo se distinguió por la sobriedad, la precisión vocal y una forma elegante de asumir la canción romántica. 

Mientras otros apostaban por el dramatismo exagerado, él prefería la emoción contenida, logrando que el público se reconociera en cada verso y en cada melodía.

La historia musical cubana conserva a Laito Sureda como una de esas voces que acompañaron generaciones enteras desde la radio, los teatros y la memoria afectiva del país. 

Su legado continúa asociado a una época donde cantar era también una forma de narrar la vida cotidiana, los amores y las nostalgias de un pueblo que encontró en artistas como él una manera auténtica de sentirse representado.

Foto: Tomada de Efemérides y Noticias Musicales

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