Cuando murió César Portillo de la Luz, Cuba perdió mucho más que a un compositor ilustre: perdió a uno de los hombres que enseñó a cantar el amor con nuevas palabras y armonías. Su obra convirtió la intimidad en canción, la nostalgia en belleza y el sentimiento en escuela.
Dueño de una sensibilidad excepcional, fue figura cardinal de la música cubana del siglo XX y uno de los creadores más admirados de Iberoamérica.
César Portillo de la Luz nació el 31 de octubre de 1922 en La Habana, y falleció en esa misma ciudad el 4 de mayo de 2013, a los 90 años. Autodidacta en buena medida, encontró en la guitarra una compañera inseparable y en la poesía una forma natural de expresión.
Antes de dedicarse plenamente a la música, trabajó como pintor de brocha gorda, oficio humilde que acompañó sus primeros años mientras abría camino en la radio y los escenarios nocturnos habaneros.
En la década de 1940 comenzó a destacar como intérprete y compositor, y pronto devino uno de los fundadores del movimiento filin, corriente renovadora que transformó el bolero tradicional mediante armonías influenciadas por el jazz, mayor libertad melódica y una interpretación más íntima y conversada.
Junto a nombres como José Antonio Méndez, Ñico Rojas y Elena Burke, Portillo ayudó a cambiar para siempre la canción cubana.
Su catálogo es una cumbre de la cancionística hispanoamericana. Temas como “Contigo en la distancia”, “Tú, mi delirio”, “Noche cubana”, “Realidad y fantasía”, “Sabrosón” y “Canción de un festival”, fueron versionados por figuras de enorme prestigio, entre ellas: Nat King Cole, Pedro Infante, José José, Luis Miguel, Plácido Domingo, Christina Aguilera y Caetano Veloso.
Pocos compositores cubanos han alcanzado semejante universalidad sin renunciar jamás a la elegancia de su raíz.
Cada una de sus canciones revelaba refinamiento literario, hondura emocional y una manera singular de entender el romanticismo: sin excesos, sin artificios, con verdad. Portillo no escribía para impresionar, sino para conmover, por eso muchas de sus piezas siguen pareciendo contemporáneas décadas después de haber sido creadas.
En 2004 recibió el Premio Nacional de Música, reconocimiento justo a una trayectoria imprescindible, y también fue distinguido ese año con el Premio Latino a Toda Una Vida de la Academia de las Artes y las Ciencias de la Música de España.
La muerte de César Portillo de la Luz silenció una voz física, pero no su música. Cada vez que alguien canta al amor con delicadeza, cada vez que una guitarra respira ternura, renace su legado.
Foto: Tomada de Radio Enciclopedia
