José Antonio Tenreiro Gómez nació el 30 de enero de 1920 en la calle Acosta, barrio de Belén, La Habana.
Su padre, comerciante español, tenía una lavandería, y allí, entre sábanas y jabón, el pequeño Tito cantaba los boleros de moda para los trabajadores. Fue su primer escenario.
A los doce años ya cantaba en reuniones familiares a Lecuona y a Rodrigo Prats. A los diecisiete se presentó en el concurso Corte Suprema del Arte de la radio CMQ con “Cuando te acuerdes de mí”, de Julio Brito, y ganó.
La familia esperaba que cantara “María la O” y otros aires líricos, pero él eligió un bolero. Ganó igual, tres premios.
A los diecinueve entró en la facultad de Medicina. Duró medio año. La Orquesta Sevilla Biltmore lo reclamó y él dejó los libros.
Su padre se enfureció; fue su hermano quien lo convenció de que lo dejara intentarlo. Con el tiempo, el padre se convirtió en su primer admirador.
El nombre “Tito Gómez” se lo puso Miguelito Valdés. Le dijo: “José hay muchos, y Tenreiro no suena bien para cantar guarachas y congas”. Así que tomó el segundo apellido, Gómez, y el diminutivo, Tito.
En 1942 entró en la Orquesta Riverside, donde permaneció más de tres décadas.
Su voz era clara, afinadísima, capaz de bolero, guaracha, chachachá y conga con la misma naturalidad. Fue el sonido insignia de la Riverside.
“Vereda tropical” es la anécdota más célebre de su carrera. La canción era del mexicano Gonzalo Curiel, de 1936, y ya la habían grabado Toña la Negra, Pedro Vargas y Los Panchos. En 1957 Tito grababa un LP y le faltaban dos canciones para completarlo.
Pituco, de los Hermanos Rigual, le llevó la partitura diciendo que el propio Curiel quería que él la grabara. Tito se resistió: “Esa canción ya la cantó todo el mundo, ¿para qué yo?”. El dueño del sello le dijo: “Total, es para llenar el disco”.
La grabó. Medio año después, la única canción que sonaba en todas partes era “Vereda tropical”.
Se dice que solo en los años cincuenta vendió más de dos millones de copias. Pedro Vargas reconoció públicamente que la versión de Tito era superior a la suya.
En los setenta se unió a la orquesta de Enrique Jorrín y siguió cantando “Que te vaya bien” y otros clásicos. Cantó durante 55 años.
Se retiró, pero la radio y la televisión seguían poniendo sus grabaciones porque su voz no cambiaba: el mismo timbre, la misma luminosidad, la misma afinación.
Murió en La Habana el 15 de octubre de 2000, a los 80 años. Hasta el final, cantó “Vereda tropical” en el mismo tono de siempre.
Foto: La Jiribilla
