Wilfredo Salvador Naranjo Verdecia, conocido artísticamente como Pachi Naranjo, pertenece a la selecta categoría de creadores cuya obra ha quedado indisolublemente unida a la memoria cultural de su pueblo. Su piano y su capacidad para renovar las tradiciones soneras lo convierten en una de las figuras más representativas de la música popular cubana.
Nacido el 3 de junio de 1949 en Manzanillo, actual provincia de Granma, en el oriente de la mayor de las Antillas, mostró desde temprana edad una marcada vocación musical.
Formado en el Conservatorio Hubert de Blanck de su ciudad natal, comenzó muy joven su trayectoria artística hasta asumir, siendo apenas un adolescente, la dirección de la Orquesta Original de Manzanillo, agrupación que llegaría a convertirse en una de las más emblemáticas del panorama bailable cubano.
Una anécdota poco conocida revela que en su juventud soñó con dedicarse al deporte. Sin embargo, una lesión en la rodilla modificó el rumbo de su vida y lo acercó definitivamente a la música. Aquel giro inesperado terminó beneficiando a la cultura cubana, que encontró en él a uno de sus más auténticos defensores.
Bajo su liderazgo, la Original de Manzanillo desarrolló un estilo inconfundible, sustentado en el son oriental, la tradición trovadoresca y los ritmos populares cubanos. Como compositor y director contribuyó al éxito de numerosas obras que hacen bailar a varias generaciones y consolidan el prestigio nacional e internacional de la orquesta.
En reconocimiento a una trayectoria marcada por la excelencia artística y la fidelidad a las raíces culturales de su tierra, recibió en 2011 el Premio Nacional de Música. Más que un galardón personal, aquel reconocimiento celebró una vida dedicada a preservar y enriquecer el patrimonio sonoro criollo.
Pachi Naranjo continúa siendo, para Manzanillo y para la Isla, una referencia indispensable de talento, constancia y cubanía.
Foto: Tomada de Youtube
