Sergio Vitier, la guitarra infinita

Sergio Vitier

La música cubana perdió el 1 de mayo de 2016 a uno de sus creadores más hondos y sensibles: Sergio Vitier García-Marruz, compositor, guitarrista y pensador del sonido nacional. Su obra nunca buscó el estruendo; prefirió la fineza, la emoción serena y el diálogo entre tradición y modernidad. 

Dueño de una estética refinada, convirtió la guitarra en territorio de poesía y dejó una huella perdurable en la música de concierto, el cine, el teatro y la canción cubana.

Sergio Vitier García-Marruz nació el 7 de septiembre de 1948 en La Habana, y falleció en esa misma ciudad el 1 de mayo de 2016, a los 67 años. Era hijo de dos figuras mayores de la cultura cubana: el poeta Cintio Vitier y la ensayista y poeta Fina García Marruz, ambiente intelectual que marcó su sensibilidad desde la infancia. Sin embargo, construyó una voz propia, guiada por el rigor artístico y una profunda vocación musical.

Realizó estudios en el Conservatorio Amadeo Roldán y muy pronto mostró interés por múltiples caminos sonoros. Fue integrante del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, espacio decisivo en la renovación musical cubana de las décadas de 1960 y 1970, donde coincidió con creadores como Leo Brouwer, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Allí desarrolló una mirada abierta, capaz de unir recursos académicos con raíces populares y sensibilidad contemporánea.

Su catálogo abarcó música de cámara, obras sinfónicas, piezas para guitarra, canciones y bandas sonoras para cine y televisión. Entre sus aportes más reconocidos figuran composiciones para filmes y documentales, así como trabajos escénicos donde la música acompañaba la dramaturgia sin perder personalidad propia. 

También escribió para la trova y colaboró con destacados intérpretes cubanos. En cada género dejó la impronta de un creador culto, intuitivo y profundamente nacional.

La guitarra ocupó un lugar central en su trayectoria. Como intérprete, defendió un repertorio exigente y diverso; como compositor, amplió las posibilidades expresivas del instrumento con obras de notable lirismo. Su escritura revelaba influencias de la música clásica, el jazz, la tradición hispanoamericana y los ritmos cubanos, integrados con naturalidad y elegancia.

En 2014 recibió el Premio Nacional de Música, reconocimiento merecido a una vida dedicada al arte. El galardón confirmó la relevancia de una trayectoria discreta en formas, pero inmensa en resultados. Fue también homenaje a un creador respetado por colegas, alumnos y públicos de varias generaciones.

La muerte de Sergio Vitier dejó un vacío sensible, pero su legado permanece intacto. Cada vez que una guitarra cubana busca profundidad sin renunciar a la belleza, cada vez que la música conversa con la poesía, vuelve a escucharse su nombre. En el silencio posterior a cada nota, todavía respira su arte.

Foto: Tomada de Radio Habana Cuba

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