Era el 22 de agosto de 1922 y el éter cubano estaba en silencio, esperando. Desde una modesta casa en la calle Ánimas 99, en Centro Habana, la historia comenzaba a escribirse con ondas. Faltaban minutos para las nueve de la noche. Allí, Luis Casas Romero —músico, veterano de la Guerra de Independencia y creador de la criolla «El Mambí»—, junto a su hijo Luis Casas Rodríguez, de apenas 16 años, habían construido con sus propias manos una planta de 10 watts. La llamaron 2LC, por las iniciales de padre e hijo.
No había otra voz en el espectro radial cubano. Eran los únicos.
Poco antes de las nueve, Casas Romero tocó una corneta de juguete para llamar la atención. Luego, dio golpes rítmicos sobre el metal, creando un sonido similar al tic tac de un reloj. Ese peculiar recurso, sin saberlo entonces, se convertiría décadas después en el emblema sonoro de Radio Reloj. En ese instante, el cañonazo desde la Fortaleza de La Cabaña retumbó en La Habana. Entonces, su voz se escuchó: «Son las nueve en punto». Inmediatamente, ofreció el parte del tiempo: «Buen tiempo esta noche. Temperaturas terrales y brisas».
Luego llegó el turno de Zoila Casas Rodríguez, hija del fundador. Ella presentó números musicales desde un fonógrafo y, cuando su padre le pidió que narrara un cuento para los niños, esbozó una sonrisa y eligió «Pinocho». Su voz se convirtió en la primera de una mujer locutora en toda América Latina, en una profesión entonces reservada solo a hombres. Aquella noche, sin saberlo, Zoila inauguraba también un linaje de mujeres que harían vibrar las ondas cubanas.
Aquella transmisión duró poco más de dos horas y su señal llegó solo a los escasos receptores del centro habanero y a unas cuarenta familias pudientes con audífonos. No hubo anuncios ni patrocinadores. La radio cubana nació como un acto de pasión experimental, financiada con el capital propio de los Casas. El gobierno, aunque otorgó el permiso oficial, no ofreció apoyo económico.
Pero aquella noche no hubo pompa ni discursos. Solo una familia, una corneta, un cuento infantil y el primer sonido que anunció el nacimiento de la radio cubana. Hoy celebramos a los radialistas cubanos, guardianes de un legado que, desde aquella casa de Centro Habana hasta el más recóndito rincón de la Isla, es memoria viva y pasión inmortal. Porque la radio cubana no nació en un estudio lujoso. Nació en una sala familiar, con el corazón y la voz de los Casas, y su sonido sigue vibrando en el aire.
Foto: Cuba en Resumen
