El domingo 18 de octubre de 2026, a las 11:00 a.m., la Sala Covarrubias del habanero Teatro Nacional será el centro de un cruce extraordinario: la Sinfónica Nacional de Cuba reunirá tres obras que, a primera vista, parecen venir de mundos distintos, pero que comparten un mismo aliento clásico.
Bajo la batuta del maestro Igor E. Corcuera —el director titular más joven en la historia de la orquesta, asumido en marzo de 2025—, el programa abrirá con el Concierto para flauta y oboe en Do mayor, de Antonio Salieri, una página compuesta en 1774, cuando el italiano tenía apenas 24 años, y que no se publicó hasta casi dos siglos después.
Le seguirá el Concierto para flauta y arpa en Do mayor, K. 299, de Mozart, escrito en París en 1778 por encargo del duque de Guînes, flautista competente, para su hija Marie-Louise-Philippine, una sólida arpista.
Y el cierre tendrá un acento cubano inconfundible: el danzón “La Flauta Mágica”, de Antonio María Romeu, una pieza inspirada en la ópera de Mozart que aquí se alza como homenaje al 150 aniversario de su natalicio y a los 50 años del Ministerio de Cultura.
Los solistas invitados —el flautista suizo Antipe da Stella, la oboísta cubana Analiett Presno y la arpista belga Orion Lavin— aportan esa mezcla de escuelas que solo un escenario como la Covarrubias, con su capacidad para 850 espectadores, sabe cobijar.
No es un concierto cualquiera: es la prueba de que la música clásica, cuando se programa con inteligencia y sensibilidad, puede contar una historia de ida y vuelta entre Europa y el Caribe. Las entradas siguen a la venta en la taquilla del Teatro Nacional.
Foto: Excelencias Cuba
