En el marco de la celebración por los 25 años de su agrupación, David Blanco ha puesto en marcha la gira “La tierra de mis amores”, un proyecto musical que trasciende los escenarios convencionales para llevar música y solidaridad a las comunidades más necesitadas de La Habana.
Esta gira, organizada por la Agencia Musicalia de Artex y su disquera BisMusic, en colaboración con la Dirección Provincial de Cultura de La Habana, se ha concebido como un acto de acercamiento al pueblo.
David, fiel a su filosofía de “estar para la gente”, ha convertido cada presentación en un espacio de encuentro donde la alegría y la esperanza son los protagonistas.
La gira ya comenzó el pasado 2 de mayo en la Plaza Galicia (Cerro), y en cada uno de los conciertos programados el cantante hará entrega de donaciones a familias vulnerables.
El 15 de mayo se presentará en la Escuela Vocacional Paulita Concepción (Cerro) y el 22 de mayo en el Conservatorio Guillermo Tomás (Guanabacoa).
Su acción solidaria se repetirá el 5 de junio en la Calle Mayor de San Miguel del Padrón; y concluirá el 4 de julio en el Parque El Curita (Centro Habana).
De esta manera, Blanco reafirma su compromiso de llevar ayuda tangible a cada comunidad que visita. Así el músico reafirma su vínculo con las personas que más lo necesitan, al unir no solo su arte, sino también un mensaje de esperanza y apoyo tangible.
Identidad musical y solidez artística
Comenzó su vida artística en el grupo de Gerardo Alfonso, para luego integrar la emblemática agrupación Moncada. Fue finalmente en 2001 cuando decidió fundar su propio proyecto, David Blanco y su Grupo, un camino que lo ha consolidado como uno de los músicos más auténticos y sostenidos de la escena cubana contemporánea.
Desde entonces, su agrupación ha construido una discografía y un repertorio que ya forman parte de la memoria cultural del país. Temas como “La Pachanga” o “Botao en Madrid” no solo marcaron épocas, sino que consolidaron un lenguaje propio dentro del pop rock y la fusión cubana.
Sin embargo, el alcance de su obra trasciende etiquetas. David ha sabido regresar a las raíces, reinterpretando piezas esenciales del repertorio nacional como “Yo soy el punto cubano” o canciones de Martha Valdés y composiciones de Juan Formell, demostrando una versatilidad que dialoga con la tradición y la contemporaneidad.
A lo largo de estas dos décadas y media, ha construido una carrera sólida marcada por una constante evolución artística. La celebración de este aniversario también incluye el lanzamiento de un nuevo fonograma, del cual no ha dado detalles todavía.
La enseñanza artística, pilar del músico cubano
Para Blanco, la formación musical es innegociable. “Es muy importante estudiar música. A mí me encantaría que mi hija estudiara en Manuel Saumell», declaró a la prensa.
Y contextualizó: “Venimos de la herencia de la escuela soviética. Por eso el músico cubano es tan bueno en el mundo entero. La enseñanza de las escuelas de arte es muy fuerte. Y me encanta ir para revivir lo que fui. Ahora vamos a ir a Guillermo Tomás y a Paulita Concepción.
Su propia trayectoria refleja esa solidez. Graduado en 1998 del Conservatorio Amadeo Roldán como instrumentista-profesor de trompeta, estudió nueve años de piano y tres de violín. Sin embargo, con honestidad reconoce que no era un virtuoso de la trompeta. “No soy estelar. Y soy de la época de Alexander Abreu y Yasek Manzano”, admite. Por eso, tomó una decisión clave en su carrera: dejar la trompeta y dedicarse a cantar. “Así que lo mejor que hice fue botarla—dice entre risas—”.
Pero eso no significa que le reste valor al instrumento. Al contrario, reconoce que la trompeta le dejó una huella profunda: “Toqué en la Orquesta Sinfónica Juvenil. Y gracias a ese instrumento conocí muchos clásicos como Tchaikovsky y algunos cubanos. Pero sí me debo un disco como trompetista. Y sí lo voy a hacer en un momento determinado”.
Próximo proyecto: un disco dedicado a León Gieco
De cara al futuro, David prepara un ambicioso proyecto discográfico: la producción de un disco del mítico cantautor León Gieco. Esta obra se perfila como un puente musical entre Cuba y Argentina, dos naciones con una rica tradición de canción de autor.
Autenticidad y permanencia
David insiste en una idea esencial: la permanencia desde la autenticidad. “Seguir trabajando, hacer música, estar para la gente”, resume como filosofía en un contexto complejo, donde la creación se convierte también en resistencia.
Formado en una familia donde el arte es parte de la vida cotidiana, y respaldado por un equipo que ha acompañado su evolución, Blanco ha logrado sostener una carrera coherente, fiel a sus principios estéticos y humanos.
Veinticinco años después, su música sigue convocando a jóvenes y adultos por igual. Quizás porque, como él mismo reconoce, el secreto está en no dejar de ser quien es. O, como lo definen quienes celebran su obra, en mantener viva esa capacidad de hacernos sentir, y sentirnos cubanos.
