Canto para una mujer de dos islas

Mamita, la hija de dos islas, hoy quiero recordarte con tu voz melodiosa, que convertía los lamentos en cantos, como los de otros nacidos en la dolida Haití.

Aprendimos a quererte y admirarte por la fuerza de tu música, por tu historia de mujer inteligente que defendiste desde el arte los derechos de tu pueblo.

Como profesional creciste en espectáculos en tu país de origen y en este que te acogió como hija adoptiva, cuando la vida te obligó a encontrar entre los cubanos a nuevos hermanos y amigos.

Aun recordamos tu sonrisa limpia, las actuaciones con la agrupación creada por ti, tus hijos, casi todos músicos como tú y la nobleza de tu carácter, que siempre entregó amor, pero también coraje para encontrar formas de luchar por tus hermanos haitianos.

Fuiste portadora de la mejor voluntad para que el mundo mirara a nuestros pueblos como lugares necesitados de colaboración humanitaria y dispuestos a brindar el mejor legado de cada uno, a través de la laboriosidad de su gente, de la sabiduría y la inteligencia de quienes trabajan por hacerlos fuertes.

Tu canto de mujer hermosa, de escultura de ébano, acompaña a estas islas, que te buscan y encuentran en nuevas seguidoras de tus ideales. Más de una mano solidaria cubana ha latido junto a tus paisanos en los más difíciles momentos y sé que has estado sin que nadie te vea, pero tu presencia se siente.

Un libro homenaje a tu trayectoria musical, compilado por tu hija Sandra Mirabal y editado por el periodista Juan Carlos Roque García, recoge desde ahora toda tu obra, incluso muchos temas inéditos.

Eres, Marta Jean Claude, avecilla que revolotea para la esperanza, la alegría y la firmeza, que canta desde la eternidad.