Han pasado cinco años desde que la música cubana se vistió de luto.
El 1 de septiembre de 2021, Adalberto Cecilio Álvarez Zayas, El Caballero del Son, partió físicamente a los 72 años víctima de la COVID-19, pero su son permanece más vivo que nunca en cada rincón de la Isla.
Nacido en La Habana el 22 de noviembre de 1948 pero criado en Camagüey, su historia musical comenzó bajo la tutela de su padre, director del conjunto Avance Juvenil.
Una anécdota revela su esencia: cuando Joseíto González, director de Rumbavana, escuchó una de sus composiciones sin título, insistió hasta llevarla a La Habana. La estrenaron en la radio y fue un éxito inmediato.
El telegrama que recibió Adalberto decía: «ESTRENADO NÚMERO. ÉXITO TOTAL. TÍTULO ‘EL SON DE ADALBERTO'». Así nació su primer gran himno.
Su legado se forjó en dos agrupaciones legendarias: Son 14 (1978), con el inolvidable «A Bayamo en Coche», y Adalberto Álvarez y su Son (1984), que durante 37 años puso a bailar a generaciones.
Fue un innovador, pues introdujo dos trombones en su orquesta, logrando una riqueza rítmica que hizo más contemporáneo el son y lo conectó con la salsa internacional.
Temas como: «Y qué tú quieres que te den», «Para bailar casino» y «Mi linda habanera» trascendieron fronteras, versionados por figuras como Juan Luis Guerra y Oscar D’León.
Recibió el Premio Nacional de Música (2008), la Orden Félix Varela y el cariño eterno de su pueblo.
Al recibir la distinción Gitana Tropical en la Escuela Nacional de Arte, emocionado, declaró: «Triplica su valor…por recibirlo en el centro donde no solo estudié…sino porque aquí también se han formado mis hijos».
Hoy, como escribió su hija, «en cada nota, en cada escenario, en cada persona que lo recuerda con cariño», el Caballero sigue entre nosotros. Porque mientras suene su son, Cuba seguirá bailando.
Foto: Escambray
