Gisela Hernández, la mujer que le dio voz de cubanía al lied

Gisela Hernández

En la Cuba de los años cuarenta, donde la composición académica era territorio casi exclusivo de hombres, una matancera de voz firme y partitura en mano decidió que las reglas estaban para desafiarlas. 

Gisela Hernández Gonzalo, nacida en Cárdenas, en la occidental provincia de Matanzas, el 15 de septiembre de 1912 y fallecida en La Habana el 23 de agosto de 1971, no solo ingresó en ese mundo, sino que lo transformó desde adentro, con la audacia de quien sabe que las raíces y la vanguardia pueden abrazarse sin contradicción.

Su historia es la de una pionera en varios sentidos: fue la primera cubana en escribir lieder, también se adelantó en componer partituras para obras teatrales y en cultivar el villancico con un lenguaje propio. 

Su formación fue tan rigurosa como su espíritu. En 1940 se convirtió en discípula del maestro catalán José Ardévol y en 1944 viajó a Estados Unidos para ampliar horizontes en el Peabody Institute of Music de Baltimore.

Pero fue en La Habana donde dejó su mayor legado al integrar el Grupo de Renovación Musical, activo entre 1942 y 1948, un colectivo de vanguardia que, bajo la orientación de Ardévol, buscaba incorporar los sonidos afrocubanos a las formas de la tradición clásica.  Allí compartió filas con Argeliers León, Harold Gramatges, Virginia Fleites y Edgardo Martín. 

En 1940, con apenas 28 años, obtuvo el Premio Nacional de Composición, un reconocimiento que la colocó en la cima de la creación musical cubana.

Su obra es vasta y reveladora. Compuso el «Tríptico» con poemas de Nicolás Guillén, el ciclo «Deprisa tierra, deprisa» sobre textos de Juan Ramón Jiménez, y «Diálogo» con versos de Dulce María Loynaz. Pero quizás su pieza más emblemática sea el «Zapateo cubano», una obra que sintetiza su búsqueda de una identidad sonora propia.

Su legado pedagógico fue igualmente trascendental. Junto a Olga de Blanck Martín desarrolló un sistema pedagógico que influyó profundamente en la educación musical cubana y fundó el Kindergarten musical. También tuvo a su cargo la revisión de cuarenta danzas para piano de Ignacio Cervantes. 

Gisela Hernández no solo fue una compositora excepcional, sino la mujer que supo mirar las raíces de Cuba y convertirlas en música universal, abriendo camino a todas las que vinieron después.

Foto: Ecured

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