Alicia Perea, el piano que enseñó a soñar

Alicia Perea

Hay artistas cuyo legado no se mide solo por los escenarios conquistados, sino por las generaciones que ayudaron a formar. Así fue Alicia Perea Maza, pianista de fina sensibilidad y pedagoga ejemplar, una de las figuras imprescindibles en la enseñanza musical cubana de la segunda mitad del siglo XX. 

Su vida estuvo consagrada al arte, al rigor académico y a la certeza de que educar también es una forma de crear belleza.

Alicia Perea Maza nació en La Habana, el 24 de mayo de 1934, y falleció en esa misma ciudad el 6 de mayo de 2015, a los 80 años. Desde muy temprana edad se acercó al piano guiada por su madre, Blanca Isabel de la Maza. 

Más tarde continuó estudios en el Conservatorio Carlos Alfredo Peyrellade con Juana Valles de Goñi, y completó su formación en el Instituto Superior de Arte bajo la tutela del maestro Frank Fernández. 

Su carrera artística conjugó excelencia interpretativa y una profunda vocación docente. Fue fundadora de la Escuela Nacional de Arte en 1962, institución decisiva en la formación cultural del país, la cual dirigió durante dieciséis años. Desde allí contribuyó a diseñar programas de estudio, impulsar métodos pedagógicos y formar a numerosos pianistas, profesores y músicos que luego brillaron dentro y fuera de La Mayor de las Antillas. 

Como concertista defendió con particular entrega la música criolla y latinoamericana. Sus recitales como solista y en agrupaciones de cámara fueron reconocidos por la crítica y el público en escenarios de México, Perú, la antigua Unión Soviética, Hungría, España, Marruecos y otros países. 

También recibió el Premio Especial Cubadisco por su labor discográfica, especialmente por el álbum Compositores cubanos para piano del siglo XX

Su capacidad organizativa la llevó, además, a desempeñar importantes responsabilidades institucionales. Fue presidenta del Instituto Cubano de la Música entre 1990 y 2001, y posteriormente consejera cultural de Cuba en Francia y ante la UNESCO, siempre promoviendo la creación nacional con inteligencia y elegancia. 

En 2013 recibió el Premio Nacional de Enseñanza Artística, justo reconocimiento a una existencia dedicada a sembrar talento. Alicia Perea no solo tocó el piano: hizo del conocimiento una melodía perdurable. 

Allí donde un alumno descubre su vocación, donde una maestra inspira con generosidad o donde suena una obra cubana con nobleza, continúa vivo su ejemplo.

Foto: Tomada de Radio Enciclopedia

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