Joaquín Borges Triana: volver al segundo piso de la memoria

Joaquín Borges Triana

Existen nombres que terminan convirtiéndose en referencia imprescindible dentro de la cultura cubana. Joaquín Borges Triana es uno de ellos. Periodista, crítico musical, investigador y atento observador de varias generaciones de creadores, ha dedicado su vida a escuchar, estudiar y contar los caminos de la música nacional con rigor, sensibilidad y pasión.

En Cubadisco 2026 vuelve a recibir el reconocimiento por partida doble: un Premio Especial por el proyecto audiovisual ICAIC: Segundo piso otra vez, y una nominación en la categoría de Notas Discográficas por sus textos para El álbum blanco para Silvio Rodríguez.

Más que premios, ambos lauros celebran una trayectoria marcada por la constancia, la entrega y el amor profundo a la cultura cubana.

Desde hace dos años, el espacio desarrolla sus encuentros en el Centro Cultural Fresa y Chocolate, en calle 23, entre 10 y 12, en el Vedado habanero, cada cuarto viernes del mes, a las cuatro de la tarde. Allí confluyen la trova, la memoria audiovisual y la conversación pública: primero un concierto del artista invitado, luego la proyección de un material dedicado a su trayectoria y, finalmente, una entrevista en vivo con el creador homenajeado.

Radio Cadena Habana conversó con Joaquín Borges Triana sobre memoria, periodismo y música.

Cubadisco 2026 le concede un Premio Especial por ICAIC: Segundo piso otra vez. ¿Qué representa este reconocimiento dentro de su trayectoria personal y profesional?

En lo personal, representa un estímulo y un honor. Todo premio genera satisfacción. Pero siempre debo decir que este reconocimiento lo comparto con todo el equipo que hace posible el proyecto: Enrique Carballea, Roberto Ravena, Heisel Lois y Alexis Triana. Desde el punto de vista profesional, también significa crecimiento, porque para mí ha sido una etapa diferente. Siempre trabajé en la prensa escrita y, en algunos casos, en la radio, pero no en el mundo audiovisual. Por eso ha sido un reto y una experiencia nueva.

ICAIC: Segundo piso otra vez se ha convertido en un espacio singular dentro del panorama cultural cubano. ¿Cómo nació la idea original del proyecto?

Surgió en medio de una conversación entre Alexis Triana Hernández y yo. Mientras compartíamos unas cervezas, hablamos de la larga y fructífera relación entre la música y el cine en Cuba, y de ahí nació la idea de rendir homenaje al Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC y a todos los que han hecho música para el audiovisual nacional. 

El nombre del proyecto posee una profunda resonancia histórica. ¿Qué simboliza para usted ese regreso al segundo piso del ICAIC?

Simboliza el regreso a un espacio emblemático de la creación cubana. En ese segundo piso ensayó durante los años sesenta el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, bajo la dirección del maestro Leo Brouwer. Volver allí, aunque sea simbólicamente, significa reencontrarse con una zona esencial de nuestra memoria cultural.

El proyecto reúne música en vivo, proyección audiovisual y diálogo con el público. ¿Qué valor concede a ese formato?

Tiene un valor enorme, porque convierte cada edición en una experiencia integral. El público no solo escucha canciones: también conoce la historia del artista a través de imágenes y luego participa del intercambio directo. Es memoria viva, emoción compartida y cercanía cultural.

Desde su estreno, la serie ha reunido a figuras consagradas, jóvenes artistas y diversas generaciones. ¿Cuál fue la esencia que quiso defender desde el primer capítulo?

La esencia fue abrir un espacio amplio e inclusivo, donde convivieran artistas poco difundidos, de provincias, jóvenes creadores, figuras consagradas y también cubanos que viven fuera del país. De algún modo, ofrecer una visión diversa y abarcadora de lo que sucede hoy con la canción cubana.

A través de esas entrevistas usted ha ayudado a construir un archivo vivo de la cultura criolla. ¿Qué valor concede a la memoria oral en tiempos de tanta inmediatez?

Tiene un valor enorme. Contribuir a la creación de ese archivo de memoria cultural ha sido para mí un verdadero placer, sobre todo, porque he trabajado toda la vida en defensa de la música y, por extensión, de la cultura cubana. Preservar esas voces significa salvar experiencias, pensamientos y testimonios que no pueden perderse.

Cuando escucha a un creador hablar de su obra y de su vida, ¿cuánto descubre que muchas veces no aparece en los escenarios ni en los discos?

Se descubren los procesos íntimos de la creación, las dudas, los sueños, las heridas y las motivaciones más profundas. Por eso estas entrevistas van más allá de lo musical: buscan un acercamiento humano a cada artista y a sus distintas maneras de pensar y asumir la creación.

En su criterio, ¿qué aporta ICAIC: Segundo piso otra vez a la comprensión de la canción cubana contemporánea?

Yo diría que su principal aporte es de carácter antropológico. Está dejando un registro de voces y de la diversidad con que hoy se asume la canción cubana contemporánea, tanto en Cuba como en su diáspora. Es un testimonio que queda como biblioteca virtual y audiovisual, no solo para el presente, sino también para el futuro.

Paralelamente, aparece nominado en Cubadisco por las notas discográficas de El álbum blanco para Silvio Rodríguez. ¿Cómo llega a usted ese proyecto?

Me llega a través de su productor, mi amigo Enrique Carballea, quien me había hablado de esa idea desde hacía años y finalmente pudo concretarla en 2024. Cuando estuvieron creadas las condiciones, me convocó como asesor y para escribir las notas del álbum.

¿Qué significó aceptar un encargo de esa naturaleza?

Significó asumir un reto muy especial y, al mismo tiempo, un enorme privilegio. Siempre es un honor participar en un proyecto dedicado a una figura cardinal de la música cubana como Silvio Rodríguez.

Escribir sobre el mayor trovador cubano vivo supone entrar en una obra inmensa y muy estudiada. ¿Cuáles fueron los mayores retos al enfrentarse a ese texto?

El principal reto era decir algo nuevo y diferente sobre alguien de quien se ha hablado tanto. Además, debía abordar una etapa particular de su obra, probablemente una de las más creativas, con canciones inéditas en su mayoría. Eso exigía estudio, sensibilidad y respeto.

¿Qué zona de Silvio quiso iluminar desde sus palabras?

Quise presentar a Silvio no solo para el público cubano, sino también para audiencias de otros países. Mostrar la riqueza de esa etapa inicial de su creación y la profundidad de un autor que sigue dialogando con varias generaciones.

Cuando supo que la revista Billboard tomó fragmentos de sus textos para reseñar el disco, ¿qué sintió como periodista cubano?

Fue una gran satisfacción. Sentí que el objetivo se había cumplido: contribuir a proyectar la obra de Silvio y, al mismo tiempo, la cultura cubana hacia otros escenarios.

Entrevistar artistas y redactar notas discográficas parecen ejercicios distintos. Sin embargo, ¿qué vínculos esenciales encuentra entre ambos oficios?

Los une el amor por el periodismo, por la música y por la cultura cubana. En ambos casos se trata de escuchar, investigar, comprender y luego traducir en palabras la esencia de una obra o de una vida.

Después de más de cuatro décadas de trabajo periodístico, ¿qué sigue impulsándolo a escuchar, investigar y escribir cada día?

La misma pasión de siempre. Llevo 40 años de graduado y 45 desde que elegí estudiar periodismo, y no me arrepiento de haber dedicado mi vida a este oficio, al que Gabriel García Márquez llamó el más bello del mundo.

Si tuviera que resumir en una frase lo que hoy significan para usted ICAIC: Segundo piso otra vez y El álbum blanco para Silvio Rodríguez, ¿cuál sería?

Son dos maneras distintas de servir a la cultura cubana desde el periodismo y desde el amor profundo por la música.

Joaquín Borges Triana no solo ha contado la música cubana: la ha acompañado, la ha pensado y la ha preservado para futuras generaciones. Su obra confirma que también se puede crear desde la escucha, desde la pregunta precisa y desde la palabra honesta.

Mientras existan periodistas como él, la cultura cubana seguirá teniendo memoria, profundidad y futuro.

Foto: Tomada de Ecured

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