Septeto Espirituano

Sancti Spíritus es una ciudad de musical, de coros y claves, tríos y canciones. En 1956 en un batey del poblado del central Tuinicú, en horas nocturnas, después de las intensas jornadas, varios jóvenes se reunían para hacer música con marímbula, tres,  guitarra, bongó y las maracas el ritmo del son, muy de moda por la década del 20 del pasado siglo.

En esa época ya los septetos de sones se habían puesto de moda, los jóvenes de Tuinicú se empeñaron en hacer música de la mejor manera.

Haciendo un retroceso en la historia, sabemos que en  1924 ya el entusiasta grupo de cañeros amenizaba su entorno con el sonido de aquellos domésticos instrumentos. Se dice que la primera agrupación de este género en el territorio fue en 1924 el Septeto Machado, surgido del Coro de Clave La Yaya, para apoyar una campaña política.

Pasan dos años y el 10 de junio de 1926, comienza la interesante historia. El guitarrista Valeriano García, decide organizar un septeto llamado Septeto Espirituano.

Los integrantes eran los hermanos Bernal junto a Valeriano García, apostaron por el proyecto que impuso una nueva variante con el llamado son oriental, que era más sabroseado y era muy bien recibido en aquellos momentos. Eran aficionados, como casi todos los músicos de aquellos tiempos: músicos empíricos, auténticos, juveniles y con muchos deseos de hacer algo nuevo y bien atrevido.

Poco a poco se incorporarían los hermanos Juan, Gabino y Fermín Bernal, cantante, bongosero y tresero respectivamente, quienes a su vez fueron hijos de Gil Bernal, fundador de aquel septeto surgido en el batey del central Tuinicú.

Los otros integrantes fueron el tresero Pedro Rojas, el maraquero Segundo Rodríguez, Carlos Ramírez en el bongó, Felipe Valle como cantante y alternaban en la marímbula Leopoldo Campos y Ernesto Borges quien también se desempeñaba como cantante.

Ya en el Septeto Espirituano de 1934, la vinculación por intereses sociales de los trabajadores asumió un empleo categórico que no admitió confusiones al respecto. Alberto López se desempeñaba como barbero y en este mismo oficio intervenían Alejandro Echemendía, también hijo del director de La Yaya y Alfonso González. Héctor Borges, conocido como El Chino Pentón, era zapatero, mientras que Mauro Marín conseguía su comida luchando como limpiabotas. Carlos Oria laboraba como obrero agrícola y Dionisio Rodríguez, sin oficio definido, conseguía como podía los recursos económicos más apremiantes.

Todos ellos eran esencialmente trabajadores de esa industria y fueron reconocidos como músicos profesionales en la década del ochenta del pasado siglo, a punto de concluir sus vidas. Igualmente sucedió con Ángel Huelga su director; con el trompetista Reinaldo Castillo; con Alberto López, cantante; Alberto Noroña, contrabajista y con Rodolfo Marrero, este último, una de las voces líderes más notables de los septetos de sones entonces.

«La autenticidad en lo que hacían, encauzada por el Septeto Habanero, el primero de su tipo en el país, en 1920, catapultó al grupo y ha logrado que hoy se mantenga con una salud impresionante», dice quien también asume la dirección de la Banda Municipal de Música de Sancti Spíritus.

Las primeras generaciones de la agrupación provenían del mundo aficionado. Sus integrantes alternaban el escenario con otros oficios. No fue hasta la década de los 80 del siglo XX que la agrupación se profesionalizó y, tras la llegada al territorio de sus primeros egresados de las escuelas de arte, se nutrió de sus conocimientos.

Pasando el tiempo se van incorporado artistas de escuela, con más calificación; pero siempre siguiendo el legado de los iniciadores, buscando las obras antológicas que no mueren.

En el 2011, el sello Producciones Colibrí decide emprender la realización de un CD que recogiera el quehacer de los septetos Espirituano y Juvenil. De esa forma, armonías contemporáneas representarían lo más genuino de la tradición trovadoresca de por estos lares.

El Septeto Espirituano, junto al Septeto Juvenil, sigue defendiendo lo mejor de la música en su ciudad natal.

En video concierto del Septeto Espirituano, realizado por Quinta Studio: