Patrimonio compartido

Patrimonio compartido

Fidel Castro y Alicia Alonso no se conocían personalmente antes de 1959. Sin embargo, ya compartían un mismo sueño: que la cultura fuera de todo el pueblo cubano. 

Él, desde la Sierra Maestra, soñaba con una patria libre y digna. Ella, desde los escenarios del mundo, soñaba con un ballet que perteneciera a Cuba entera. Dos caminos distintos, una misma raíz.

En septiembre de 1956, la dictadura de Batista le retiró el apoyo al Ballet de Cuba por negarse a servir a la tiranía. La respuesta del pueblo fue inmediata: un Acto de Desagravio en el Estadio Universitario. Ante veinte mil personas, Alicia bailó «La muerte del cisne».

Aquella noche, rodeada por su pueblo, decidió no volver a bailar en Cuba mientras Batista gobernara. Dejó su arte sembrado en el corazón de la Isla, convencida de que el ballet ya no podría morir allí.

Triunfó la Revolución. Días después, Fidel fue a buscar a Alicia. No iba como jefe de Estado, sino como un hombre que reconocía a otra soñadora. Escuchó sus planes, supo de sus sueños y le tendió la mano para levantar juntos la compañía que el pueblo merecía. 

En 1960, la Ley 812 protegió el ballet por voluntad del Estado. No era un decreto. Era el abrazo entre dos cubanos que, sin conocerse, habían luchado por lo mismo: que la belleza también fuera del pueblo.

En 2018, más de sesenta años después de aquella noche en el estadio, el Ministerio de Cultura de Cuba firmó la Resolución 31 y declaró Patrimonio Cultural de la Nación al Ballet Nacional de Cuba y todo su repertorio. El documento lo reconocía como «la máxima expresión de la escuela cubana de ballet», y desde su fundación en 1948, «una de las compañías de danza más prestigiosas del mundo». 

Junto a la compañía quedaron protegidos los archivos, documentos y objetos personales de Alicia Alonso.

Ahora, cuando se festeja el centenario del natalicio de Fidel, lo recordamos también en cada función de ballet. En cada presentación, la compañía lo homenajea en silencio, sobre las tablas, con la misma entrega con que él tendió la mano a Alicia.

Y el legado de ella sigue vivo, palpitando en la compañía que hoy lleva su nombre: el Ballet Nacional de Cuba Alicia Alonso, que continúa sembrando belleza en el corazón del pueblo, como ella lo soñó.

Un cisne que bailó al borde de la muerte fue abrazado para siempre por todo un pueblo, con la fuerza de la ley. Fidel no llegó a ver ese día, pero ese patrimonio es el fruto de una mano tendida tantos años atrás. Y Alicia, en el Día Internacional de la Danza de 2018, lo dijo con una sencillez que lo resume todo:

«El pueblo cubano es un pueblo bailarín».

Y es que en esta Isla la belleza nunca fue privilegio de unos pocos, sino la respiración más honda de una nación.

Foto: Cubaperiodistas

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