Marta Valdés convirtió “Palabras” en un país

Marta Valdés

Marta Valdés nació en La Habana el 6 de julio de 1934. Murió el 3 de octubre de 2024, a los 90 años. 

En ese lapso escribió algunas de las canciones más perfectas del feeling cubano y, de paso, se convirtió en una de las intelectuales más lúcidas de la cultura de la Isla.

En 1945, una vecina suya, la profesora de música Franciscueta Vallalta, le sugirió a la madre de Marta que le comprara una guitarra y se la pusiera en las manos .

A partir de ese momento, una serie de guitarras con nombre propio fueron marcando su vida: “la Mulata”, “Mariposa”, “la Blanca”, “Tunera”, “Lola Conde”, “la Japonesa”. Cada una, según contó ella misma, “cambiaron su mundo y el nuestro”.

En 1955, con apenas 21 años, escribió “Palabras”. 

La canción empezó a circular por la radio y, poco a poco, fue encontrando intérpretes: Bola de Nieve, Elena Burke, Vicentico Valdés, Cheo Feliciano, Omara Portuondo, Pablo Milanés, Martirio. La lista es interminable .

Casi 70 años después de aquella primera canción, la periodista Rosa Miriam Elizalde escribió que ese público inmenso “se ha convertido en una patria. En un lugar intergeneracional que une a oyentes de todas las edades y a músicos”.

Aunque nació en La Habana, Marta Valdés encontró en Matanzas un refugio creativo y afectivo. Descubrió la ciudad en 1969, durante una gira de Teatro Estudio, y se quedó prendada de ella .

La pianista Elvira Santiago, que la acogió en su casa de la calle Santa Teresa, recuerda que Marta apoyaba la cabeza en la mano —“ese gesto tan suyo”— y se deleitaba escuchándola tocar el piano. 

Antes de volver a La Habana, Marta siempre le pedía lo mismo: que le tocara una pieza de Debussy. “Hasta pronto, Alcaldesa”, le decía, usando el apodo cariñoso que le había puesto, y seguía su camino a la estación del tren de Hershey .

A Matanzas le dedicó su danzón “El octavo día”, donde imagina a Dios enviando ángeles a edificar esa ciudad “porque al mundo le faltaba una ciudad”. Y en el tren de Hershey, entre vaivenes, escribió “José Jacinto”, dedicada al poeta matancero .

Marta Valdés fue la figura más sobresaliente de la segunda generación del movimiento feeling. Pero su aporte no fue una simple continuidad. 

El maestro Guido López Gavilán lo explicó con precisión: “Buscó nuevas sonoridades, trascendió el cuadro convencional armónico de los acordes tonales y extratonales presentes en los compositores del filin. Su discurso es su estilo único, irrepetible”.

Omara Portuondo lo dijo de otra manera, desde el lado del intérprete: “Aporta ese repertorio difícil, grato, hermoso, tan escaso a veces. ¿Quién no añora dominarlo? Requiere de una escuela para interpretarlo. Hay que saber cantar, esto no se improvisa”.

Además de compositora e intérprete, Marta Valdés fue una crítica y cronista musical de primer orden. Publicó los libros Palabras (crónicas de música) y La cuerda al aire (estampas autobiográficas), y mantuvo una columna en Cubadebate, donde acompañaba cada reseña con la música correspondiente y fotos que ella misma hacía con su teléfono .

El periodista Enrique Milanés León, que la trató personalmente, escribió: “su periodismo avergüenza al mío”. 

En una de sus conversaciones, Marta lo empujaba a escribir con un mandato terminante: “¡Escribe, Enrique, escribe!”. Luego, con una generosidad que Milanés aún no termina de explicarse, le regalaba sus propios libros para que aprendiera de ellos.

Marta Valdés murió el 3 de octubre de 2024 en La Habana. El presidente Miguel Díaz-Canel escribió en redes: “Día de dolor. Ha fallecido Marta Valdés, una de las más grandes compositoras de la historia musical de nuestro país. Silencio para la guitarra”.

En su casa quedaron los carteles de conciertos, las fotografías, las figuras religiosas, las plantas y el sillón de mimbre donde compuso un sinfín de canciones. El documental Marta Valdés: soberana del tiempo atesora el último testimonio que dio, pocos días antes de morir .

En una de esas últimas entrevistas, Marta dijo algo que resume su obra mejor que cualquier análisis: “Ya yo me doy por satisfecha porque la gente puede entender lo que yo quería”.

Foto: Tomada de rialta.org

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