Marcos Urbay: el “pico de oro” que volvió a Caibarién

Marcos Urbay

A Marcos Antonio Urbay Serafín le decían El pico de oro de la trompeta. Él lo cuenta con una modestia que desarma: “Eso era antes, ya el pico está medio caído, pero no crea, todavía me pongo y saco buenas notas”. 

El apodo nació en los años cincuenta, cuando era primera trompeta de la Orquesta Riverside, la más famosa de Cuba. 

Los músicos de la agrupación pedían que hiciera solos, y la frase surgió por “la calidad de la afinación y lo bello que tocaba”.

Su llegada a esa orquesta fue casi cinematográfica. El 5 de mayo de 1952 ensayaba en el teatro América con la orquesta Cosmopolita cuando, a las seis de la tarde, el administrador de la Riverside le dijo que querían hacerle una prueba esa misma noche en Tropicana. Tocó obras de todo tipo de género frente a otros músicos convocados. 

Al terminar, le dijeron: “Desde hoy perteneces a esta orquesta”. Allí compartió con Arturo O’Farrill, Bebo Valdés y Peruchín. “A veces me pongo a pensar en aquella época y se me nubla la vista”, confesó.

Pero su historia tiene un regreso. Aunque hizo carrera en La Habana y pudo haberse quedado en cualquier lugar del mundo, cumplió la promesa que le hizo a su padre: volver a Caibarién. 

Allí dirigió la Banda de Conciertos, la misma que su padre, Roberto Urbay Carrillo, había fundado y dirigido, y en la que él mismo ingresó como trompeta a los quince años.

En septiembre de 1960 fue uno de los tres trompetistas seleccionados para fundar la Orquesta Sinfónica Nacional, institución en la que permaneció treinta años. Fue maestro fundador de la Escuela Nacional de Arte y formó a los trompetistas de las orquestas sinfónicas de todo el país. 

Murió en su natal Caibarién el 24 de febrero de 2019, a los 90 años, apenas unos meses después de recibir el Premio Nacional de Música.

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