Chico O’Farrill: el castigo que abrió la puerta del jazz

Chico O’Farrill

La Habana, 28 de octubre de 1921: esa es la fecha y el lugar donde comenzó la historia de Arturo O’Farrill, pero fue un castigo lo que lo llevó al jazz. 

A los doce años, expulsado del colegio, fue enviado a una academia militar en Georgia. Allí, lejos de enderezarse, descubrió en la radio el mundo que lo acompañaría siempre.

Años después, en Nueva York, trabajó durante mucho tiempo en la sombra. Le pagaban al contado, sin facturas ni recibos, y los arreglos que hacía por encargo acababan firmados por otros. 

Hasta que conoció a Benny Goodman, para quien compuso “Undercurrent Blues”. Goodman le correspondió con algo inesperado: le puso el apodo Chico, que lo acompañaría para siempre.

El 21 de diciembre de 1950, la orquesta de Machito grabó su “Afro-Cuban Jazz Suite”, con Charlie Parker como solista. 

La anécdota de aquella sesión es reveladora: el saxofonista Harry Edison, elegido inicialmente como solista, se sintió incómodo en aquel contexto y se retiró, lo que llevó a Norman Granz a sugerirle a O’Farrill que llamara a Parker. 

Bird apareció de inmediato, escuchó el tema del mambo dos veces, no prestó atención a la partitura y, a la señal convenida, se lanzó a un solo salpicado de frases diversas antes de dejar que la percusión tomara el mando. 

Aquella suite, en cinco movimientos, fue el momento en que el jazz afrocubano dejó de ser una curiosidad y se convirtió en una forma mayor.

Como escribió su amigo Nat Chediak, si Mario Bauzá “inventó” el cubop, O’Farrill fue quien “le dio forma y lo vistió de etiqueta”. Él lo resumió mejor que nadie: “Mi instrumento es la orquesta”.

Foto: Internet

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