Nació en el humilde barrio habanero de Los Sitios el 5 de septiembre de 1908, en una familia tan pobre que desde niño tuvo que repartir su tiempo entre los estudios primarios y oficios como zapatero, vendedor de periódicos y pregonero de viandas.
Pero con apenas doce años cantaba serenatas con sus amigos, porque la música era su destino natural.
Autodidacta total, Joseíto —nunca Pepe, ni Cheo, «Joseíto nací, y con el Joseíto iré hasta el final», decía— comenzó su carrera en tríos y sextetos de aficionados, hasta que su voz expresiva y su capacidad para improvisar lo llevaron a las grandes orquestas de la época.
Poseía un registro vocal tan extenso y potente que podía superar la falta de amplificación en los estudios de radio, y su estilo tan propio le valió el apelativo de El Rey de la Melodía.
Fue en 1928 cuando compuso la melodía que lo inmortalizaría. Pero no tenía título fijo, ni letra establecida: era una guajira-son que improvisaba en cada presentación, mencionando el nombre de la ciudad donde actuaba. «Camagüeyana, divina camagüeyana», decía en Camagüey.
¿Y por qué entonces se llamó «Guantanamera»? Cuentan que una joven guantanamera radicada en La Habana se enamoró de él y asistía a todas sus presentaciones.
Un día ella se disgustó y dejó de ir. Joseíto, para que regresara, improvisó: «Mi divina guajira, guajira guantanamera». La joven volvió al día siguiente.
En 1943, la firma jabonera Crusellas lo contrató en exclusiva para interpretar la «Guajira Guantanamera» en el programa radial El suceso del día, donde narraba en décimas los sucesos de la crónica roja de la época.
Fue un fenómeno nacional que se mantuvo catorce años al aire, y de allí nació el dicho popular «te van a cantar la Guantanamera».
Su consagración internacional llegó en 1963, cuando el folclorista estadounidense Pete Seeger, fascinado por la melodía, la interpretó en el Carnegie Hall de Nueva York con los «Versos Sencillos» de José Martí adaptados por Julián Orbón.
A partir de entonces, la canción recorrió el mundo con más de 150 versiones de artistas como Benny Moré, Demis Roussos, Luciano Pavarotti y cientos más.
Y aunque se convirtió en el mayor símbolo de cubanía, Joseíto jamás salió de su patria: era un «cubano hasta los tuétanos» que vivió toda su vida en la misma casa de Gervasio, número 658.
Falleció el 11 de octubre de 1979 en La Habana, y su velorio fue un duelo popular. Pero su «Guajira Guantanamera» sigue siendo una carta de presentación de Cuba en el mundo.
Foto: Directorio de la Música Cubana
