Germán Pifferrer: Arquitecto invisible del sonido cubano

Germán Pifferrer

Hubo un hombre en Gibara que aprendió a orquestar mirando partituras ajenas. 

No tuvo un conservatorio que lo formara en la escritura orquestal: tuvo la curiosidad de un copista que, mientras pasaba en limpio la música de otros, iba descifrando sus secretos. 

Ese hombre fue Germán Pifferrer Rodríguez, nacido el 11 de octubre de 1937, y su historia es la de tantos músicos cubanos que construyen desde las sombras lo que otros iluminan en el escenario.

A los quince años ya cantaba en la Orquesta Hermanos Avilés, la más antigua del país, y copiaba las partituras que Juanito Márquez escribía para el conjunto Orbe. «Yo hacía los arreglos y el Piffe cantaba desde los 15 años y copiaba mis partituras», recordaba Márquez. 

En 1954 era considerado el cantante revelación de Holguín. Pero su destino no era solo la voz: era el papel pautado.

En 1961 llegó a La Habana. Copió partituras para Rafael Somavilla y Adolfo Guzmán, y observando esas páginas fue aprendiendo lo esencial de la orquestación. Estudió armonía. 

A inicios de los setenta ya dirigía la Orquesta Cubana de Música Moderna. El copista se había convertido en arquitecto.

En 1980 salió por el Mariel y se radicó en Nueva York. 

Compuso jingles, produjo más de treinta grabaciones, dirigió en el Carnegie Hall y el Radio City Music Hall. Colaboró con Arturo Sandoval en «Tito», del álbum Hot House, Grammy de 1998. Trabajó en las bandas sonoras de «Azúcar Amarga» y «Just the Ticket».

En julio de 2008, ya enfermo, dirigió su último concierto en Miami. 

Paquito D’Rivera escribió sobre él: «Debería ser un ejemplo que contradice a aquellos que pretenden hacernos creer que negando el academicismo se preserva la frescura creativa». Murió el 17 de enero de 2009. Su música sigue sonando donde nadie ve la partitura.

Foto: Tomada del blog Aldea Cotidiana

Autor