El épico laúd de Mongo Rives

Mongo Rives

En la Isla de la Juventud, al sur del archipiélago cubano, cuando la tierra exhala su canto más profundo y los pies descalzos encuentran el ritmo en cada paso, nace el sucu-suco. Es un latido de guateque bajo la luna, un diálogo entre las manos del labrador y el abrazo del campo. Y sobre ese pulso naciente, el laúd de Mongo Rives se alzó como voz primera y definitiva, un instrumento que no solo interpretó música, sino que hizo poesía con cada cuerda vibrante y cada acorde compartido alrededor de fogones y caminos rurales.

Ramón Rives Amador, conocido universalmente como Mongo Rives, vino al mundo el 9 de febrero de 1929 en la finca La Tumbita, en la entonces Isla de Pinos —hoy Isla de la Juventud—, territorio que sería la geografía de su música y su vida. Nieto de Bruna Castillo, a quien se atribuye la invención del sucu-suco en los años veinte, se crió rodeado de sonidos y ritmos que moldearían su destino artístico. Desde niño escuchó las historias del campo y los acordes que se escapaban de las manos de su familia; a los 10 años ya conocía todos los instrumentos del género que más tarde defendería con pasión.

A mediados del siglo XX, el joven Rives fundó su propio quinteto, Mongo Rives y la Tumbita Criolla, debutando el 25 de diciembre de 1945. Por casi medio siglo alternaba sus labores en el campo con la música: durante la semana trabajaba la tierra y, los fines de semana, recorría los poblados pinereños para animar fiestas, cumpleaños y festividades populares, difundiendo el sucu-suco y el arte de su laúd criollo.

Fue en 1992 cuando decidió consagrarse plenamente a su vocación musical y dedicar su vida a la promoción del sucu-suco. Una década más tarde, en 2002, grabó su primer álbum de estudio con el sello BIS Music: “¡Esto es sucu-suco!”, donde plasmó la fuerza y originalidad de su repertorio, con temas que se convirtieron en emblemas de la tradición pinera: “Yo quiero bailar con María Elena”, “Dame el rabito del lechón”, “Linda Pinerita” y “Santa Fe, pueblo querido”, entre otros. 

Mongo Rives recibió múltiples reconocimientos por su obra, entre ellos el Premio Especial Nacional de Cultura Comunitaria por la Obra de la Vida, la distinción Por la Cultura Cubana y la Réplica del Machete de Máximo Gómez, símbolos de su compromiso con la música y su gente. 

El 21 de enero de 2022, Rives falleció en su casa en el reparto Camilo Cienfuegos, en La Fe, Isla de la Juventud, dejando un legado permanente: el sucu-suco, ritmo que él encarnó con alma entera y convirtió en patrimonio vivo de Cuba.

Foto: Tomada de Periódico Victoria

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