Antes de que la televisión lo convirtiera en un fenómeno de audiencia, antes de que sus controversias con Adolfo Alfonso llenaran las tardes de los domingos, Justo Vega ensayaba sus décimas frente a un público de lo más peculiar: dos vacas que ordeñaba para vender la leche por las calles de su pueblo.
«Mucha gente no sabe que el primer público que me escuchó las décimas improvisadas fueron dos vacas», confesó años después con esa sonrisa que lo acompañó toda la vida. Y así, entre mugidos y versos, nació el más grande caballero de la décima cubana.
Justo Pastor Vega Enríquez nació el 9 de agosto de 1909 en San Antonio de Cabezas, un recóndito paraje de la occidental provincia cubana de Matanzas. De origen humilde, antes de ser artista trabajó como peón de albañil, obrero agrícola y cocinero.
A los 15 años llegó a La Habana, y en 1934 fundó el Cuarteto de Trovadores Cubanos junto a su hermano Bernardo. Para promocionarse, alquiló una hora en la radio y buscó personalmente anunciantes que pagaran el espacio. El éxito fue rotundo.
Su consagración llegó como fundador del programa televisivo «Palmas y Cañas», donde durante 25 años compartió escenario con Adolfo Alfonso. Juntos protagonizaron controversias memorables que se convirtieron en fenómeno de audiencia.
Pero el mismo Justo confesó en secreto: «A mí me gusta la décima seria, la que describe el paisaje, pero a la mayoría de la gente le gusta la controversia. Por eso complazco a la gente, en contra de mi gusto, pero uno trabaja para el pueblo». Un caballero, hasta en eso.
Falleció en La Habana el 13 de enero de 1993, dejando más de medio siglo de entrega a la poesía oral. Justo Vega no solo fue un gran repentista: fue la voz de la Cuba campesina, el hombre que convirtió el verso improvisado en arte universal y que, mucho antes de que el mundo lo aplaudiera, ya les cantaba a las vacas.
