El primero de mayo de 2014 no fue un día cualquiera para la cultura cubana. Aquella jornada se apagó una de sus voces creadoras más influyentes: Juan Formell, músico total que convirtió el bajo en columna rítmica, la composición en crónica popular y la orquesta en espejo de un país entero.
Con él no solo partía un artista extraordinario; se detenía por un instante el pulso bailable de varias generaciones que crecieron al compás de Los Van Van.
Juan Clímaco Formell Cortina nació el 2 de agosto de 1942 en La Habana, y falleció en esa misma ciudad el 1 de mayo de 2014, a los 71 años. Hijo del flautista, pianista y arreglista Francisco Formell, recibió desde temprano una sólida influencia musical.
Sus primeros aprendizajes ocurrieron en casa, pero gran parte de su formación fue también fruto del estudio autodidacta, la curiosidad y una sensibilidad excepcional para entender el sonido popular cubano.
Antes de convertirse en leyenda, trabajó en cabarés, radio y televisión, y pasó por agrupaciones importantes de la época. Integró la orquesta de Elio Revé, donde comenzó a revolucionar formatos tradicionales al introducir nuevas sonoridades y una mirada moderna sobre la música bailable.
Aquella etapa fue decisiva: allí empezó a gestarse el creador audaz que cambiaría para siempre el panorama sonoro de la Isla.
En 1969 fundó Los Van Van, agrupación que con el tiempo sería considerada la orquesta más popular de la mayor de las Antillas. Bajo su dirección nacieron clásicos que trascendieron generaciones, entre ellos “La Habana no aguanta más”, “Sandunguera”, “Anda, ven y muévete” y “El baile del buey cansao”.
Formell supo mezclar son, changüí, rumba, jazz, rock y recursos electrónicos, creando un lenguaje propio que marcó época y abrió caminos a la timba y otras corrientes posteriores.
Sus canciones tenían una virtud poco común: hacían bailar mientras contaban la vida cotidiana. En ellas conviven el humor popular, la picardía callejera, las tensiones sociales y el habla viva del cubano. Por eso su obra fue más que entretenimiento: fue memoria sonora de una nación.
Entre numerosos reconocimientos recibió el Premio Nacional de Música en 2003, el Grammy en 1999 por Llegó… Van Van y el Grammy Latino a la Excelencia Musical en 2013.
La muerte de Juan Formell dejó luto, pero también una certeza: algunos creadores no se van del todo. Siguen regresando cada vez que suena un tumbao, cuando una pista se llena o cuando Cuba necesita contarse a sí misma bailando.
Foto: Tomada de The Cuban History.com
