Carlos Puebla, de carpintero a leyenda

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Carlos Puebla aprendió música de oído, mirando a otros. Nació en Manzanillo, el oriente cubano, el 11 de septiembre de 1917.

Antes de ser trovador fue carpintero, mecánico y zapatero. Nunca pisó un conservatorio. No sabía leer música. Pero compuso más de mil obras, entre boleros, sones y guarachas. 

La guitarra se aprende con el oído y el alma se aprende con la vida.

Se le conoce como el Cantor del Pueblo por sus canciones comprometidas en defensa de la Revolución Cubana.

Pero Puebla fue mucho más que un cronista político: su obra abordó también el tema amoroso y la labor cotidiana del pueblo. 

Compuso boleros que se volvieron antológicos, como «Cuenta conmigo», interpretado por el dúo romántico Clara y Mario, que lo mantuvo en los primeros lugares de la preferencia musical cubana hasta fines de los años setenta. 

Y su «Hasta siempre», dedicada al Che Guevara, conoció más de doscientas versiones en todo el mundo, entre ellas las de Joan Baez, Óscar Chávez, Los Olimareños y la cubana Omara Portuondo.

Dicen que antes de subir a un escenario siempre sentía nervios. Que cada noche en La Bodeguita del Medio era como la primera vez. 

Ese temblor íntimo nunca lo abandonó, ni siquiera cuando ya era leyenda.

En un momento de desamor escribió «Quiero hablar contigo», un bolero que habla de silencios y distancias.

Es la súplica de quien teme perder a alguien sin haber dicho lo necesario. Y demostró que Puebla no era solo himno: era también bolero.

Admiraba a Benny Moré con devoción. Decía que era el único capaz de cantar lo que quisiera y hacerlo sonar como un himno. 

Murió en La Habana el 12 de julio de 1989. Pero antes dejó algo más que canciones: dejó la prueba de que un hombre puede ser himno y bolero al mismo tiempo.

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