Arsenio Rodríguez perdió la vista y le devolvió la luz al son cubano

Arsenio Rodríguez

A los siete años, un caballo lo pateó en la cara y lo dejó ciego para siempre. Pero Arsenio Rodríguez no se rindió. En la oscuridad, desarrolló un oído prodigioso y una memoria musical que lo convertiría en uno de los músicos más influyentes de Cuba. 

Nacido en Güira de Macurijes, Matanzas, el 30 de agosto de 1911, este niño que perdió la vista terminaría viendo la música como nadie.

A los 25 años se integró como tresero al sexteto Boston de su primo Jacinto Scull. Pero Arsenio quería más. El formato de septeto con una sola trompeta le parecía limitado. Así que, en 1940, fundó su propio conjunto y revolucionó el son cubano: añadió piano, tres trompetas y tumbadora. 

Creó una plataforma sólida donde los cantantes podían lucirse y los instrumentos improvisar. Su formato inició la era de los conjuntos y sentó las bases de lo que hoy conocemos como salsa.

Su vida fue tan intensa como su música. En 1948, mientras su hermano Quique estaba preso por homicidio, Arsenio grabó «Me siento muy solo», reflejando su dolor. Dos años después, cuando Quique salió libre, compuso «Vuelvo a la vida». 

Sus canciones eran crónicas de su existencia. Escribió cerca de 200 temas, como «Bruca maniguá» (1937), «Fuego en el 23» y «Se me perdió la cartera», salpicados de humor y doble sentido.

Arsenio Rodríguez falleció el 31 de diciembre de 1970 en Los Ángeles, víctima de una neumonía. Tenía 59 años. En 1999 fue incluido en el Salón de la Fama de la Música Latina Internacional. No solo fue un genio del tres: fue el ciego maravilloso que le devolvió la luz al son cubano y transformó para siempre la música de América Latina.

Foto: Radio Enciclopedia

Autor