Cuando un compositor logra alinear sus pulsos con la esencia de una cultura, su obra se convierte en tiempo compartido. Rembert Egües es uno de esos artistas cuya música no solo suena, sino que narra: desde la tradición cubana hasta los ritmos de un mundo en diálogo constante, sus composiciones y arreglos han ayudado a dibujar la geografía sonora de su Isla natal y a proyectarla más allá de sus mares.
Rembert Egües nació el 4 de febrero de 1949 en La Habana. Hijo del célebre flautista Richard Egües, integrante emblemático de la Orquesta Aragón, creció en un ambiente donde la música era lenguaje cotidiano y destino profesional desde muy temprano. Su formación comenzó con su familia y continuó en el Conservatorio Amadeo Roldán, donde estudió composición, orquestación y luego dirección de orquesta, especializándose con maestros como Frederick Smith y Roberto Valdés Arnau.
La década de 1960 marcó el inicio de una carrera intensa y polifacética: Egües tocó en grupos como Los Chicos del Jazz y Los Armónicos de Felipe Dulzaides, y rápidamente comenzó a componer para medios diversos, desde canciones para radio y televisión hasta piezas para documentales y cine. Una de sus primeras composiciones importantes fue “En la otra Isla”, interpretada por Omara Portuondo para el documental homónimo de Sara Gómez.
A lo largo de los años 1970 y 1980, Egües extendió su influencia como compositor y arreglista. Fue director musical del Ballet Nacional de Cuba y escribió música para filmes clásicos como El Señor Presidente y las célebres animaciones Vampiros en La Habana y Más vampiros en La Habana, de Juan Padrón, obras que, por su calidad y creatividad, contribuyeron a la consolidación de una identidad sonora distintiva dentro y fuera de Cuba.
La versatilidad de Egües también se manifestó en su trabajo teatral: compuso ballets como Muñecos, y en años más recientes su música fue parte de la revista musical Soy de Cuba, espectáculo que logró reconocimiento internacional, incluyendo presentaciones exitosas en el Festival de Edimburgo y giras por Europa que llevaron su obra a públicos muy diversos.
Asimismo, Egües combinó su labor creativa con la dirección de orquestas en salas emblemáticas del mundo, desde el Kennedy Center en Washington, hasta el Teatro Bolshoi en Moscú y Leningrado, consolidando su prestigio como uno de los compositores cubanos más versátiles de su generación.
Hoy su música se escucha tanto en grabaciones como en escenarios globales, y su legado continúa inspirando a quienes ven en la composición no solo técnica, sino también puente cultural.
Foto: Tomada de la Revista Cine Cubano
