Llegó a Guantánamo en 1927 para tocar en la Banda Municipal que vino a dirigir su padre y ya nunca se fue.
Nacido en Santiago de Cuba el 24 de enero de 1909, Rafael Inciarte Brioso creció entre pentagramas: a los 12 años ya tocaba el clarinete en una orquesta típica, aprendiendo el oficio de su progenitor y del clarinetista Narciso Carmona.
Fue músico, pedagogo, etnomusicólogo y folclorista.
Su curiosidad intelectual lo llevó a colaborar con Fernando Ortiz, quien le solicitó estudiar los toques de la tumba francesa y plasmarlos en el pentagrama por primera vez en la historia.
También fue miembro activo del Instituto Cubano de Investigaciones Folclóricas, dejando escritos valiosos sobre el changüí, el son, el danzón y la tumba francesa.
Su pluma creativa le dio vida a canciones inolvidables como «Ojos lindos», «Ya para qué», «Don Rafa» y «Todo lo tengo ya».
En coautoría con Luis Morlote, sus composiciones fueron grabadas por orquestas populares cubanas y extranjeras, y su música acompañó varias películas argentinas, mexicanas y españolas.
Su obra fue ampliamente reconocida: en 1982 recibió la distinción Por la Cultura Nacional y en 1988 la Medalla Alejo Carpentier.
Falleció el 3 de septiembre de 1991, pero su legado vive en el Centro de Información y Documentación Musical que lleva su nombre, instalado en la misma casa donde vivió.
Allí se conservan más de 32 mil negativos fotográficos, partituras, discos de pasta y objetos únicos como un bastón que perteneció a Sindo Garay. Un tesoro que convierte a Inciarte en el guardián eterno de la música guantanamera.
Foto: Venceremos
