En 2025 Pinar del Río reclamó su pulso musical con festivales que volvieron a llenar plazas, concursos que regresaron con fuerza y jóvenes talentosos que subieron al podio nacional: fue un año donde la tradición y la escena emergente se abrazaron para mirar al futuro con oído atento.
La Guarapachanga, festival internacional con fuerte anclaje en la identidad de la mayor de las Antillas, funcionó como uno de los epicentros sonoros de la provincia: programaciones, galas y conciertos lograron reunir artistas locales y de otras regiones en una programación que celebró el bolero, la canción popular y propuestas contemporáneas, devolviendo la vitalidad a escenarios de Vueltabajo.
Otro regreso que marcó la agenda cultural fue la reactivación del emblemático Concurso Pedro Junco, después de cinco años de silencio. La XXII edición, celebrada en el Teatro Milanés, reunió a creadores, orquestadores e intérpretes en una competencia que revalorizó la autoría y la orquestación como caminos para redescubrir el patrimonio musical del territorio más occidental de la Isla.
El certamen, además de recuperar su espacio histórico, amplió reconocimientos — incorporando premios de interpretación y orquestación — y puso sobre el tapete obras que dialogan con la raíz sonera y la canción cubana.
En lo competitivo, la XXII edición dejó nombres y piezas que prometen perdurar: la obra “Canta, sinsonte”, del compositor Ángel Luis Miguel Govín, conquistó el Gran Premio de la cita; la interpretación y la orquestación que acompañaron la pieza fueron igualmente distinguidas, mostrando la calidad técnica y expresiva de los intérpretes vinculados a la provincia. Estos galardones no solo celebran piezas aisladas, sino que reafirman la capacidad de Pinar del Río para incubar creadores que dialogan con la tradición y la escena contemporánea.
No menos significativo fue el pulso juvenil: músicos pinareños alcanzaron posiciones destacadas en concursos de alcance nacional. En uno de los certámenes juveniles recientes, un joven pianista de la provincia logró el segundo premio en su categoría —un indicador claro de la salud formativa en las escuelas y conservatorios locales y del trabajo sostenido con la cantera de talentos. Estos resultados consolidan a Pinar del Río como semillero y ayudan a proyectar nombres nuevos hacia circuitos nacionales.
Al margen de festivales y concursos, la escena urbana y los encuentros especializados mantuvieron activa la región y diversificaron la oferta musical, abriendo espacios para la creación joven y las prácticas de calle que conectan directamente con audiencias nuevas.
Además —y como broche de cierre del año— resalta la celebración del festival de cultura pinareña Nosotros, programado del 26 de noviembre al 22 de diciembre, un evento que llenó de vida las calles y plazas de la provincia con conciertos, muestras artísticas, ferias de artesanía y manifestaciones culturales de raíz y contemporáneas. Una oportunidad para reafirmar identidad, compartir tradiciones y celebrar la diversidad creativa que late en Vueltabajo.
En síntesis: 2025 fue para Pinar del Río un año de reencuentro y validación. Volvieron concursos históricos, florecieron plataformas festivas, emergieron intérpretes que ganan reconocimiento fuera de la provincia — y se inauguró una etapa que terminó el año con una fiesta colectiva de identidad.
Si algo dejó claro este año es que la música pinareña combina rescate de raíces con energías jóvenes — una mezcla que, si se sostiene con políticas culturales y espacios de difusión, promete mantener a la provincia como un faro creativo dentro del panorama musical cubano.
Foto: Tomada de Cubaplus
