Hay artistas que no trabajan con una sola voz, sino con muchas al mismo tiempo. No como un conjunto de sonidos, sino como una construcción humana donde cada timbre es una piedra dentro de un edificio emocional.
En ese universo se inscribe la obra de María Felicia Pérez, una de las directoras corales más importantes de la música cubana contemporánea, figura esencial en la consolidación de una estética coral marcada por la precisión, la sensibilidad y la modernidad.
María Felicia Pérez nació el 23 de mayo de 1951 en La Habana, donde creció en contacto con una intensa vida musical que marcó su formación artística. Desde joven se vinculó al estudio de la dirección coral y la música vocal, desarrollando una carrera que la llevaría a convertirse en una referencia imprescindible dentro del panorama coral cubano e internacional.
Su obra está profundamente asociada a la dirección de proyectos vocales de gran prestigio, entre ellos el reconocido Coro de Cámara Exaudi, fundado por ella en la década de 1990, con el que impulsó una visión renovadora del repertorio coral.
Bajo su conducción, el trabajo coral cubano alcanzó nuevos niveles de exigencia estética, combinando música antigua, contemporánea y obras de compositores cubanos y universales, en un diálogo constante entre tradición y modernidad.
Formada en un entorno musical exigente, María Felicia Pérez desarrolló una concepción del coro como organismo vivo, donde la afinación, el equilibrio tímbrico y la expresión emocional no son elementos separados, sino partes de una misma respiración colectiva. Su enfoque pedagógico ha sido igualmente decisivo, formando generaciones de cantantes y directores que han continuado expandiendo su visión artística.
Una de las anécdotas más comentadas en el entorno coral cubano es su capacidad para transformar ensayos complejos en verdaderas experiencias de descubrimiento musical. Se dice que podía detener una pieza no por errores técnicos evidentes, sino cuando percibía que el coro no estaba “respirando como un solo cuerpo”. Para ella, el sonido coral no era suma, sino unidad emocional.
A lo largo de su trayectoria, ha llevado el trabajo coral cubano a escenarios internacionales de gran prestigio, donde sus agrupaciones han sido reconocidas por la limpieza sonora, la profundidad interpretativa y la capacidad de transmitir emociones con absoluta claridad. Su labor ha contribuido a situar la música coral cubana dentro de circuitos académicos y artísticos de alto nivel.
María Felicia Pérez representa la figura de la directora que entiende la música como construcción colectiva del espíritu. Su legado no se limita a las partituras interpretadas, sino a la manera en que ha logrado moldear voces humanas para convertirlas en un solo pensamiento sonoro, preciso y profundamente emotivo.
Foto: Tomada de Ecured
