Por: Guille Vilar
Nuevamente, el maestro Frank Fernández nos convence de que el legado de su espléndida obra no se encuentra solamente en el prodigioso diálogo entre sus manos y las teclas del piano, sino también en una visión profundamente humanista acerca de la cultura de la nación.
Su concierto Maestro de Juventudes –en la presente edición del Festival Jazz Plaza– que tuvo lugar en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional, fue concebido como un homenaje a jóvenes músicos, tanto de la capital como del interior del país; quienes, a pesar de no ser tan conocidos, resultan ser maravillosos intérpretes.
La apertura del programa estuvo matizada por la presentación de un audiovisual en el que lo clásico y el jazz comparten la escena: un increíble mano a mano entre el propio Frank y Chucho Valdés con Irakere, en “Los ojos de Pepa“, de Manuel Saumell.
La capacidad para improvisar que se desborda en ese video es una condición inherente a los músicos cubanos, como se pudo apreciar durante el inusitado acompañamiento de Fernández a los repentistas de la Casa de la Décima de Mayabeque, en el concierto.
Fue precisamente el papel protagónico de la juventud el encargado de otorgarle a la jornada una acogedora dimensión de excelencia; pues el rigor puesto de manifiesto en cada entrega, junto al virtuosismo de los diferentes intérpretes, nos llenó de un sano orgullo patrio. No se trató solo de un espectáculo signado por la nobleza, sino que podría considerarse de primer nivel en cualquier escenario del mundo.
Para directores como Eduardo Campos, Alejandro Coira, Javier Millet, Orestes Saavedra y Jorge Sergio Ramírez, debe ir el mayor reconocimiento, ya que mostraron en directo el relevante rango artístico de sus muchachos, como un resultado del sistema nacional de educación.
Estudiantes procedentes de la Escuela Nacional de Arte, el Instituto Superior de Arte, el Conservatorio Amadeo Roldán y los conservatorios de Camagüey, Holguín, Bayamo y Las Tunas fueron agasajados continuamente por aplausos cerrados.
No se podía esperar otra reacción del público ante la magnífica interpretación del famoso tema “El Cumbanchero“, de Rafael Hernández, o la dinámica versión de “Las Margaritas“, de Chucho Valdés. Si el cuarteto Hermanas López-Gavilán y Hermanos Abreu honró desde el talento a sus progenitores, la nueva generación de Los Muñequitos de Matanzas nos mostró que la continuidad de esta emblemática agrupación folclórica está plenamente garantizada.
Para el cierre, Frank tenía reservada una sorpresa mayor, al interpretar, junto a los músicos participantes, el clásico de George Gershwin, “Rhapsody in Blue“, un tema cargado de belleza y de optimismo en estos tiempos difíciles por los que atravesamos todos los cubanos.
El espectáculo, ideado y dirigido por el propio Frank Fernández, colocó la vara bien alta, como para asegurarnos que la presente edición del Festival Jazz Plaza será todo un éxito.
El espectáculo fue ideado y dirigido por el propio Frank Fernández. Foto: Juvenal Balán
Tomado de Granma
