Lázaro Ros: la voz yoruba que resonó como profecía

Lázaro Ros

En el corazón de la tradición afrocubana, ciertas voces no se limitan a sonar: invocan, celebran y sostienen la memoria de raíces milenarias. Lázaro Ros fue una de esas voces: un akpwón cuya maestría en los cantos yoruba lo convirtió en puente entre generaciones, religiones y culturas, elevando la música ritual a un arte universal y profundamente humano.

Lázaro Ros nació el 11 de mayo de 1925 en La Habana. Su vida musical estuvo íntimamente ligada a los cantos de la Regla de Ocha —la santería afrocubana—, tradición de origen lucumí y arará traída por los pueblos africanos esclavizados y adaptada como parte esencial de la identidad cultural cubana. Desde muy joven comenzó a cantar en fiestas de santos y celebraciones, aprendiendo de maestros y practicantes rituales el repertorio ancestral que más tarde haría suyo. 

Su voz —capaz de moverse con igual fuerza en registros graves y agudos— lo llevó a convertirse en fundador del Conjunto Folklórico Nacional de Cuba (CFNC) en 1962, una institución que se dedicó a recopilar, interpretar y difundir las danzas y cantos tradicionales de la Isla. Con este grupo, Ros recorrió el mundo, presentando la riqueza y complejidad de la música afrocubana ante audiencias en Europa, América Latina y más allá. 

Además de su labor con la compañía músico danzaria, Lázaro Ros colaboró con grupos contemporáneos como Síntesis —con quienes grabó el álbum Ancestros, fusionando ritmos tradicionales con sonidos modernos— y con Mezcla, ampliando así el alcance del acervo folclórico hacia nuevas audiencias y expresiones musicales. 

Como intérprete, investigador y maestro, Ros no solo interpretó cantos yoruba; los preservó y enseñó, aportando a su difusión tanto en escenarios como en estudios, radio, cine y televisión. Fue parte de películas como Historia de un ballet (1961) y Osain (1964), enseñó en escuelas de arte y colaboró con instituciones culturales que buscaban integrar la herencia africana al repertorio formal de Cuba. 

Su labor fue reconocida con numerosos honores: recibió tres premios Cubadisco, fue nominado varias veces al Grammy Latino, obtuvo el Premio Internacional Fernando Ortiz y en 2003 recibió el Premio Nacional de Música de Cuba, la más alta distinción otorgada por el Estado cubano en su campo. 

Lázaro Ros falleció el 8 de febrero de 2005 en La Habana a los 80 años, dejando un legado que continúa resonando en quienes valoran la música como patrimonio vivo y no meramente como espectáculo. Su voz permanece como testimonio de siglos de historia, espiritualidad y resistencia cultural. 

Foto: Tomada de La Jiribilla

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