Los viernes la Casa Balear se convierte en un refugio de trova en el Vedado habanero.
En ese rincón de la calle 23 y la Avenida de los Presidentes, Yhosvany Palma y sus invitados de lujo encienden cada semana un espacio íntimo donde la canción de autor respira con fuerza.
La casona, fundada en 1928 por visionarios de las Islas Baleares, guarda siglos de memoria y abre sus puertas a la creación.
Yhosvany Palma nació en Trinidad en 1971, en el seno de una familia de músicos. Su padre, Pedro Palma, fue cantautor de la generación de Pablo Milanés y Silvio Rodríguez.
Pero fue en 1985, con apenas quince años, cuando llamó a la puerta de Vicente Feliú y comenzó su trayectoria bajo la tutela del gran maestro.
Desde entonces, ha compartido escenarios con figuras como Silvio Rodríguez, Santiago Feliú, Daniel Viglietti y Alejandro Filio.
Su obra es un universo de sensibilidad. En «Trovadores» canta: «Llevan heridas donde el pensamiento, saben de lunas tanto como el mar, son los delfines para el sentimiento, almas desnudas prestas al cantar».
Ese verso es casi un manifiesto de su arte. Títulos como «Hijos de la fortuna», «Nieve de Madrid», «El deshollinador» o «Luz» revelan a un compositor que siembra esperanza.
Su disco, Aviso de vida, es una declaración de principios, y canciones como «Fue tal vez» han sido versionadas por otras grandes voces de la Isla.
El promotor Fidel Díaz Castro define este espacio como «un refugio en medio de la situación difícil que vive el mundo despoetizado».
Cada viernes, bardos y creadores se suman a la descarga abierta y La Habana vuelve a encontrar en la música un lugar para soñar.
