La guitarra que hizo escuela

Trío Taicuba,

Basta escuchar el eco de una guitarra bien templada para descubrir que detrás de ciertas armonías habita una sensibilidad capaz de transformar la música en memoria. Así fue Baz Tabranes, uno de esos creadores que ayudaron a definir la sonoridad del bolero y del filin cubanos desde la elegancia, la disciplina y el buen gusto musical.

Nació en La Habana el 10 de junio de 1922. Guitarrista, cantante, compositor, arreglista y director musical, desarrolló una carrera estrechamente ligada al legendario Trío Taicuba, agrupación fundada en 1947 en los estudios de Radio Cadena Azul. 

Desde sus inicios asumió la dirección musical del conjunto y aportó un estilo innovador que distinguió al grupo entre los tríos de su época. Sus armonías complejas y refinadas, alejadas de los esquemas tradicionales, contribuyeron a crear una sonoridad moderna que marcaría a varias generaciones de intérpretes.

Una de las anécdotas más significativas de su trayectoria ocurrió en los primeros tiempos del Trío Taicuba. La agrupación debutó en el famoso programa Bacardí interpretando «Noche cubana», de César Portillo de la Luz, cuando el filin apenas comenzaba a abrirse camino.

Aquel momento sería recordado como uno de los hitos fundacionales del movimiento, y Baz estuvo allí, con su guitarra y su visión artística, ayudando a dar forma a una nueva manera de sentir la canción cubana.

Su talento como compositor también dejó una huella profunda. Obras de su autoría fueron incorporadas al repertorio de reconocidos artistas cubanos. Entre ellas destaca «Hechízame», una pieza que evidencia su sensibilidad melódica y su capacidad para construir canciones de gran belleza. 

Varias de sus composiciones fueron interpretadas por figuras tan prestigiosas como Elena Burke y Pacho Alonso, prueba de la estima que despertaba su obra entre los músicos de su tiempo.

Con el Trío Taicuba recorrió escenarios de Cuba, América y Europa, participó en programas radiales y televisivos, y contribuyó a llevar la música cubana a públicos de distintas latitudes. Quienes compartieron escenario con él recuerdan su rigor profesional y su permanente búsqueda de la perfección sonora.

Aunque el tiempo haya silenciado las cuerdas de su guitarra, la huella de Baz Tabranes permanece viva en cada bolero donde las voces se abrazan con delicadeza. Su legado no se mide únicamente por las canciones que compuso e interpretó, sino por haber ayudado a construir una manera profundamente cubana de entender la armonía, la emoción y la belleza. 

Su nombre sigue resonando como una nota sostenida en la memoria musical de Cuba, allí donde las grandes guitarras nunca dejan de sonar.

Foto: Trío Taicuba. Tomada de Youtube