Hablar de Ernán López-Nussa es hablar de la dualidad más fértil de la música cubana. Pianista, compositor y arreglista, nació en La Habana el 10 de septiembre de 1958, en un hogar donde la poesía, la pintura y la crítica de arte se respiraban como el aire.
Su padre, Leonel López-Nussa, y su madre, Wanda Lekszycki, cultivaron en él una noción cultural de horizontes amplísimos, germen de un artista que se movería con la misma soltura por las partituras de Bach que por los tambores batá.
Su formación académica fue rigurosa: comenzó en el Conservatorio Alejandro García Caturla, continuó en el Amadeo Roldán y culminó en el Instituto Superior de Arte.
Pero mientras otros se encerraban en el conservatorio, Ernán escuchaba a Count Basie, Miles Davis, Art Tatum y, al mismo tiempo, respiraba la rumba de los solares habaneros.
Esa mixtura entre academia y calle se convertiría en su sello personal, en su «sacrilegio» más celebrado.
Su carrera profesional despegó a los 19 años con el grupo Afrocuba, una banda que hizo historia al fusionar ritmos cubanos con jazz.
Pero fue su encuentro con Silvio Rodríguez, quien dijo de él que «es tan capaz de la exquisitez más callejera como de la cotidianidad más elaborada», lo que marcó un antes y un después en su trayectoria.
A lo largo de su carrera, López-Nussa ha grabado más de una quincena de discos y ha pisado los escenarios más prestigiosos del mundo: el Ronnie Scott’s de Londres, el Olympia de París, el Blue Note de Nueva York y el Fujiyama Jazz Festival de Japón. Su disco From Havana to Rio obtuvo el Gran Premio del disco en Cuba en el año 2000.
Pero si hay una obra que resume su espíritu inquieto es Sacrilegio, un álbum doble con DVD que le valió también el Gran Premio Cubadisco, en 2014. En él Ernán se atreve a «profanar» a los clásicos: convierte a Johann Sebastian Bach en jazz, mezcla a Domenico Scarlatti con cantos yorubas y pone letra de Kelvis Ochoa a un vals de Chopin.
El propio Leo Brouwer escribió sobre esta obra: «Nunca hemos compartido un irreverente pecado tan lleno de gracia y que nos acerque a los clásicos con absoluto respeto de ambos mundos sonoros: clásicos y jazz».
Ernán López-Nussa sigue siendo hoy uno de los pianistas más notables de su generación, un músico que sabe lo que hace, y que ha demostrado que la música clásica y la rumba no solo pueden convivir, sino enriquecerse mutuamente.
Foto: El País
