El latido eterno del son

El Septeto Habanero

Cuando el son cubano encontró su forma definitiva, hubo un conjunto que supo darle voz, estructura y alma sin perder su esencia callejera y popular. Desde entonces, su sonido ha sido como una corriente viva que atraviesa el tiempo, llevando en cada nota la memoria de un pueblo que canta incluso cuando la historia cambia de ritmo.

El Septeto Habanero fue fundado en La Habana el 17 de junio de 1920, convirtiéndose en una de las agrupaciones más importantes en la evolución del son cubano. Surgido a partir de la tradición de los sextetos orientales, incorporó la trompeta como elemento decisivo en su formato, consolidando así el modelo del septeto que marcaría el desarrollo posterior del género. 

A lo largo de su extensa trayectoria, el grupo ha mantenido una presencia constante en la música cubana, preservando el estilo clásico del son mientras lo proyecta hacia nuevas generaciones de oyentes.

Desde sus primeros años, el Septeto Habanero se convirtió en un referente indispensable de la música popular. Sus interpretaciones ayudaron a fijar un repertorio que hoy forma parte del patrimonio sonoro de Cuba. 

Canciones como «La mujer de Antonio», «Tristeza habanera», «A la loma de Belén» y «Maldita timidez», se integraron al imaginario musical del país, interpretadas con una mezcla de sabor popular, precisión rítmica y una naturalidad que definió su estilo inconfundible.

Una de las anécdotas más recordadas de su historia se remonta a sus primeras grabaciones en la década de 1920, cuando el son aún luchaba por abrirse espacio en los circuitos comerciales. Se cuenta que, durante aquellas sesiones, la energía del grupo era tan contagiosa que incluso los técnicos de grabación se veían movidos a seguir el compás, sorprendidos por la fuerza rítmica de una música que parecía salir directamente de los patios habaneros.

Otra historia significativa destaca la participación del conjunto en la popularización internacional del son cubano. Gracias a sus giras y grabaciones, el Septeto Habanero contribuyó a que este género trascendiera fronteras, influyendo en músicos de diversas latitudes y consolidando la imagen de Cuba como una potencia musical en el Caribe y América Latina.

A lo largo de más de un siglo de existencia, el Septeto Habanero ha sido mucho más que un grupo musical: ha sido una institución cultural. 

Su legado no solo se escucha en sus grabaciones históricas, sino también en cada interpretación contemporánea del son, donde aún resuena la huella de aquellos primeros acordes que, en 1920, comenzaron a escribir una de las historias más importantes de la música cubana.

Foto: Tomada de Youtube

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