Eduardo Saborit: un músico comprometido con su pueblo y la Revolución 

Eduardo Saborit

Hijo de Campechuela, municipio costero en la actual provincia Granma, por nacimiento y de toda Cuba por vida y obra, Eduardo Saborit (1911-1963), es un referente ineludible de músico comprometido con su pueblo y la Revolución. 

Nacido en el seno de una familia de músicos, no extraña que se prendiera tempranamente del arte de los sonidos. El padre, quien era director de la Banda de Música de la localidad, organista y compositor, fue quien primero le instruyó en sus pasajes por el mundo del pentagrama. 

Primero fue flautista, pero por problemas de salud se vio obligado a abandonar los instrumentos de viento y abrazó la guitarra, con la cual desarrolló un feliz y duradero romance. 

Por decisión familiar, el joven guitarrista campechuelero se trasladó con el padre a Niquero, también en la región oriental, dónde prosiguió su desenvolvimiento artístico y tuvo su iniciación en la vida política nacional a través de sus vínculos con la familia Raga, cuyos hermanos (todos músicos) lo acogieron como uno más de los suyos; afecto que se profundizó hondamente a partir de que éste contrajo matrimonio con Zoila Raga, su compañera para toda la vida. 

La familia Raga, además de buenos músicos, eran inquietos revolucionarios, profesando las ideas del marxismo-leninismo. Por entonces Saborit hizo suya la causa revolucionaria y se integró junto con ellos a sus ideales de justicia social. 

En 1935, los identificaron como enemigos del régimen y tuvieron que abandonar el pueblo. Saborit compartió con los hermanos Raga todos estos tiempos de miseria, persecuciones y desvelos. 

Emigraron entonces a Manzanillo de donde nuevamente tienen que huir debido a sus actividades políticas, hacia el Camagüey. En esta ciudad crean, para ganarse el sustento, el trío “La Clave Azul”. 

Su rechazo al fascismo se puso de manifiesto durante la Segunda Guerra Mundial al responder al llamado internacional a los artistas para estimular a los soldados en el frente y en los hospitales. Con su inseparable guitarra, Eduardo Saborit acudió y actuó en escenarios de varios países beligerantes. Al retornar a Cuba creó su conjunto de música campesina con el que recorrió la Isla. 

En los inicios de la nueva sociedad cubana, después de sacudido el yugo neocolonial, Saborit se disputó con Carlos Puebla, sin ambicionar ni pretenderlo, el sobrenombre de Cantor de la Revolución. 

Es conocido que Saborit puso su talento musical al servicio de las transformaciones políticas, económicas y sociales promovidas por el recién instaurado gobierno de «los humildes, con los humildes y para los humildes». 

Desde ese entonces dedicó su vida y obra a los logros de la Revolución, es así como compuso varios himnos que responden al momento histórico vivido. Tuvo participación en la Campaña de Alfabetización, fungiendo como asesor. Compuso la canción «Despertar», inspirada en una carta que le envió un joven campesino a Fidel, expresándole que había despertado de la ignorancia que estaba viviendo. Compuso, además, la música del Himno de la Alfabetización, el de las Brigadas Conrado Benítez y el de Los Becados. 

Entre sus composiciones aparecen referencias a la fundación de organizaciones en defensa de la Patria, así como otros aspectos. De su cubanidad y amor al suelo nacional dejó plasmado en su obra artístico musical elementos identitarios de la cultura cubana. 

Dos anécdotas, contadas por el periodista Ciro Bianchi (Juventud Rebelde, 5-10-2024), revelan la gran estatura política y moral de Saborit. Cuenta el citado colega que en dos ocasiones pusieron en sus manos un cheque en blanco para que escribiese él mismo la cantidad que quisiera recibir cuando compuso «Conozca a Cuba primero » y la petrolera Esso quiso utilizarla en sus campañas publicitarias, y cuando en los años iniciales de la Revolución la agencia publicitaria para la que trabajaba insistió para que se fuese a vivir y a trabajar a Puerto Rico. 

Ninguna de las dos veces, según refiere Bianchi, el músico se dejó comprar. En la primera alegó que no vendía a una empresa extranjera lo que componía para su país. Su respuesta en la segunda ocasión fue más contundente: escribió «Cuba, qué linda es Cuba», una canción que le ha dado la vuelta al mundo y que «se ha convertido en un verdadero símbolo de la Isla», como afirmó Radamés Giro en su Diccionario Enciclopédico de la Música Cubana.  

 

Foto: Tomada de Radio Bayamo 

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