En 1630 se estrenó la obra de teatro «La vida es un sueño», de Pedro Calderón de la Barca, perteneciente al movimiento literario del barroco. El tema de la obra es la libertad del ser humano frente al destino.
Años más tarde, el también español escribió en una de sus famosas rimas que: «Es un sueño la vida,/ pero un sueño febril que dura un punto./ Cuando de él se despierta,/ se ve que todo es vanidad y humo… «.
No creo que el cubano Arsenio Rodríguez bebiera en estás fuentes literarias. El matancero, nacido en Güira de Macurijes, perdió la visión en un accidente durante su infancia, discapacidad que le acompañó toda la vida. También le limitó el acceso a la instrucción, en una sociedad que se le mostraba hostil, por el pigmento de su piel y su procedencia humilde.
Ninguna de estas adversidades le impidieron alcanzar un alto puesto en la música cubana. Arsenio Rodríguez, cuyo nombre real es Ignacio Loyola Rodríguez, fue tresero y compositor, su amplísima labor y aportes a la música popular bailable cubana, sobre todo en los estilos del son, le agenciaron el reconocimiento de varias generaciones de músicos del patio y foráneos. Su influencia musical y ejecución del tres cubano le garantizaron el calificativo de El ciego maravilloso.
En 1948 compuso un bolero inmortal: «La vida es un sueño». La coincidencia de títulos de la obra teatral de Calderón de la Barca y la canción del cubano es una curiosidad interesante, pero no infiere influencias directas. En la letra del bolero no hay coincidencias textuales con la pieza teatral, ni siquiera existe una identidad argumental. Tampoco existe ese lazo con la rima beckeriana.
En el texto de Calderón y sus diversas puestas en escena subyace un mensaje de desaliento, porque a pesar de su apoyo al libre albedrío frente a la predestinación, subyace una negación de la vida real, todo es fruto de la mente humana, juicio que inspiran a la filosofía del solipsismo.
En los versos de Becker también existe el desencanto con la existencia social, que es un «sueño febril» que no dura mucho y cuando se despierta de él «todo es vanidad y humo».
El músico cubano es un individuo que lamenta su condición de invidente. Afirma que «hay que darse cuenta que todo es mentira y que nada es verdad. (…) todo no es más que un eterno sufrir y el mundo está hecho de infelicidad». Pero Arsenio no es un individuo que renuncia a disfrutar de los momentos felices y convoca a «gozar lo que puedas gozar, porque sacando la cuenta en total la vida es un sueño y todo se va. La realidad es nacer y morir, por qué llenarnos de tanta ansiedad».
Sin ese convencimiento el llamado Ciego Maravilloso no habría rebasado los rótulos de «notable compositor» y «destacado tresero», para alcanzar trascender al presente como un gran innovador.
El gran tresero y compositor fue, al decir de Leonardo Acosta, el primero en ampliar el formato de los tradicionales sextetos y septetos de son, para integrar los populares conjuntos con tres o cuatro trompetas que proliferaron en los años cuarenta y cincuenta.
Sobre está innovación dijo el propio Arsenio lo siguiente: «Organicé un nuevo sistema de conjunto. Pensé que el antiguo formato de septeto, con la trompeta, la guitarra y el tres no tenía la armonía necesaria y le agregué un piano y tres trompetas. También le incorporé la tumbadora…».
Este formato fortalecía la sección de metales de la agrupación y permitía la realización de tumbaos en el piano, y la creación de una plataforma sólidamente equilibrada para el despliegue de las voces solistas. De esta forma Arsenio inició la era de los conjuntos y una nueva etapa en la sonoridad e interpretación del son cubano, con mayor riqueza sonora y armónica.
Entre otros de sus aportes a la música cubana se puede señalar su peculiar estilo de ejecutar el tres, con un sonido muy diferente al de las agrupaciones soneras de su época.
Estos son algunos momentos significativos de la vida y los sueños de Arsenio Rodríguez.
