«Cuba Vive»: Sinfonía de identidad en el Jazz Plaza

Nachito Herrera Jazz Plaza 2026

Imaginen un puente musical tendido entre Nueva York y La Habana, entre el siglo XX y el presente, entre la tradición sinfónica y el alma popular. Eso fue precisamente Cuba Vive, el majestuoso concierto ofrecido en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba, que articuló diversas sonoridades y generaciones bajo la batuta y el piano del maestro Ignacio Nachito Herrera.

Más que un simple recital, el evento fue una celebración compartida de la identidad musical cubana, donde confluyeron la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección de Igor Corcuera; la Jazz Band del Conservatorio Amadeo Roldán, dirigida por Jorge Sergio Ramírez, y una constelación de invitados estelares. Entre ellos destacaron Lázaro Rivero (El Fino), Miguel Ángel Rodríguez (Miguelón), el Cuban Sax Quintet, Iván Luis (niño de La Colmenita) y el baterista Samuel Formell.

Entre tantos nombres ilustres, no podía faltar la leyenda viva del jazz cubano. La presencia del maestro Bobby Carcassés aportó ese toque de improvisación libre y conexión en «Summertime», de George Gershwin, con la raíz más pura del jazz. Su arte es el eslabón esencial entre la vanguardia y la tradición.

«En el año 1980, se me ocurrió la idea de hacer un festival de jazz en Cuba y si alguien se pregunta por qué, fue porque yo comprendí que el pueblo cubano necesitaba y merecía el festival de jazz, que es la música del corazón», declaró Bobby.

El showman de Cuba ponderó la dirección del festival, actualmente a cargo de Victor Rodríguez, del Centro Nacional de Música Popular, quien –según Carcassés– ha llevado el evento al momento más culminante de su historia al unificarlo con la Orquesta Sinfónica Nacional, que en materia de música y arte «es lo más grande que existe».

El programa comenzó con una declaración de principios: la «Cuban Overture» de Gershwin. Esta obra, fruto del viaje del compositor a la Isla, es un brillante estudio de los ritmos intrincados que lo fascinaron. Tampoco podía faltar en esta gala la canción «I Got Rhythm» del mismo autor.

Pero la verdadera sorpresa gershwiniana fue la presentación del «Second Rhapsody», anunciada como un estreno. El propio Gershwin consideraba esta obra, compuesta tras su experiencia en Hollywood, una de sus mejores creaciones por su complejidad y cuidado orquestal. Escucharla bajo la dirección de Nachito fue presenciar un capítulo poco frecuentado del canónico norteamericano, recontextualizado con acento cubano.

Tras este prólogo estadounidense, el concierto entró de lleno en su corazón cubano con el «Opening Cuba Vive», orquestado por el propio Nachito. A partir de ahí, el recorrido fue un emotivo tributo a pilares de la cultura musical del continente, como «Lala Amor», del maestro Frank Fernández.

Niurka Reyes protagonizó el homenaje a Ernesto Lecuona con «Siboney», una de sus romanzas más universales. En tanto, Óscar Fuentes se llevó las palmas con «Esta tarde vi llover», de Armando Manzanero.

Uno de los momentos más emotivos fue el homenaje a Beatriz Márquez con «Amar y Vivir», en la voz de la joven promesa María Claudia Soca (Soka), egresada de la enseñanza artística. Nachito evocó con emoción la historia de ese tema, de la autoría de Rembert Egües y premiado en el Concurso Adolfo Guzmán en el año 1980. Le recordó al maestro Miguel Patterson que la pieza fue interpretada originalmente por La Musicalisima, para quien fue compuesta especialmente, y que, según afirmó, no había vuelto a interpretarse desde entonces. «Hoy tenemos la dicha de tenerla aquí, en la Sala Covarrubias”, dijo, y dio paso a la joven intérprete Soka, quien agradeció la oportunidad y confesó que “la música fue, es y será siempre mi primera pasión».

También hubo un homenaje a Tata Güines, con «Bembé en mi casa», una obra original de Nachito y la productora general del evento, Aurora González.

La segunda parte del concierto amplió aún más el espectro, desde el espiritual «Swing Low, Sweet Chariot», en las voces del Coro Nacional de Cuba, hasta temas contemporáneos como «Sábanas Blancas», de Gerardo Alfonso, en la versión del cantante y pianista Bryan Suárez.

El momento culminante fue la interpretación de «Canción con todos», a cargo de Bryan, con orquestación de Jorge Sergio Ramírez. Esta pieza, devenida himno de unidad latinoamericana, resonó con particular fuerza en un escenario que reunía a tantas generaciones.

Detrás de este colosal proyecto estuvo la visión del productor musical Nachito y de la productora general, Aurora González. Para Nachito, este concierto tiene un significado personal profundo. En 2020, el pianista sobrevivió a un encuentro devastador con la COVID-19 que lo tuvo en coma dos semanas y le hizo temer por su capacidad para volver a tocar. Su regreso triunfal –»más fuerte que un trago de ron habanero», como bien lo describió la prensa– culmina en un evento como Cuba Vive: una afirmación de vida a través de la música.

En definitiva, Cuba Vive fue mucho más que un concierto. Fue una declaración de vitalidad cultural. Un proyecto que, articulando sonoridades y generaciones, demostró que el alma musical de Cuba no solo permanece, sino que se renueva, dialoga y celebra con una fuerza sinfónica e imparable.

Foto: Cortesía de la autora

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