Un ratón azul salta en la pantalla del cine La Rampa desde hace cuatro años, convirtiendo cada tarde de sábado habanera en una infancia que se niega a terminar.
El 17 de octubre de 2026, la Peña de Federico celebra su cuarto aniversario. A la 1:00 p.m., el cine La Rampa volverá a llenarse de risas —es el hechizo que Maikel Chávez construyó a mano, puntualmente cada tercer sábado del mes, sin fallar jamás.
La información fue dada en exclusiva a Radio Cadena Habana por Maikel Chávez, creador y director del personaje Federico Maldemar.
Cuatro años bastan para que un niño pase de gatear a cantar junto a Federico y Pipo Pipo; y bastan también para que este espacio deje de ser una simple fiesta infantil y se convierta en esa cita marcada con rojo en el calendario cultural de las familias cubanas.
El programa de este día es una carta de amor a la infancia. Desde el conteo regresivo que enciende la pantalla negra, hasta los bailarines de «Habanasueños» contando historias con el cuerpo, pasando por ese «Pollito Pintor» de Cuentos para Federico —cada momento guarda el cuidado más tierno de sus creadores hacia los niños.
Estará Pastosa, Enid con su guitarra, Papote con esa cara llena de cuentos, y Rigo y Rey haciendo despertar a «Cascabel» en sus dedos. Nombres que brillan cada uno con luz propia en el mapa del arte infantil cubano, pero que siempre aceptan reunirse esta tarde para juntar sus luces en una sola claridad cálida.
Y antes de entrar, ya la fiesta empieza: Ediciones Cubanas estará en la entrada con sus propuestas literarias, para que los pequeños —y no tan pequeños— se lleven a casa, además del recuerdo, un libro entre las manos. Porque la Peña de Federico también es eso: una puerta abierta a la imaginación que se lee.
Lo más conmovedor quizás esté en los «detrás»: cuando los videoclips de «FedeTV» iluminen la proyección, la sala enmudecerá, porque los niños reconocen esa silueta azul, reconocen a Pipo Pipo, reconocen las animaciones que han visto mil veces frente al televisor de casa.
Desde las mañanas dominicales de Cubavisión hasta las tardes de sábado en La Rampa, el mundo de Federico no ha dejado de crecer, pero jamás perdió la sencillez alegre del principio.
Cuando suene «Balada para Elpidio Valdés» al final, con la proyección sobre la pantalla, habrá adultos tarareando bajito —es la canción que Silvio Rodríguez le regaló a todos los niños cubanos.
En esta ocasión, la interpretará el coro de la maestra Carmen Rosa López, voces que pondrán el broche de oro a una tarde irrepetible.
En ese instante, la Peña de Federico ya no será solo un evento: será un recipiente donde caben cuatro generaciones de memorias compartidas, animación, títeres, música y corazones que se resisten a crecer.
Al salir, las luces volverán a apagarse. Pero el ratón azul regresará, el próximo mes y el otro, para seguir dejando encendida una luz en cada tarde habanera, para todo niño que aún crea en la magia.
Foto: Cubaperiodistas
