Candita Batista: la voz eterna de «Angelitos Negros»

Candita Batista

Cándida Alicia Batista Batista nació el 3 de octubre de 1916 en el batey del central Senado, en Camagüey. Murió el 1 de abril de 2016, a los 99 años, en su casa de la calle Cristo número 2, en esa misma ciudad, sin haber dejado nunca de cantar.

Sus abuelos fueron esclavos. Su abuelo paterno, Roque Batista, era africano y hablaba congo.

Candita lo recordaba ya muy anciano, con los dedos completamente lisiados de los azotes que había recibido. «Hablaba muy bonito en congo, pero muy bonito», contaba ella .

Su padre, José Ramón, albañil, fue su primer maestro: le enseñó a leer la cartilla. 

Su madre, Avelina, protagonista de trece partos, fue su fuente de inspiración para el canto; la niña se ponía a escucharla mientras hacía las labores domésticas.

A los 13 años, en las áreas cañeras del central Senado, los vecinos más allegados se convirtieron en su primer público. La niña cantaba desde la altura de un improvisado cajón de madera.

En 1932, con 16 años, debutó en la Sociedad Victoria, un espacio exclusivo para personas negras en Camagüey. Lo hizo con la orquesta La Especial, dirigida por Víctor Agüero Boza y Aurelio Cedé. Fue la primera mujer camagüeyana en incorporarse como solista a una orquesta masculina.

Antes de ser aceptada, tuvo que someterse a una evaluación ante un tribunal de prestigiosas figuras de la música cubana: Adolfo Guzmán, Rafael Somavilla, Aida Diestro, Isolina Carrillo, Jesús Ortega y Armando Romeu, entre otros .

Víctor Agüero Boza, su primer esposo, murió cuando ella era muy joven y tenía apenas 21 años de edad.

En 1937 viajó a La Habana. Se integró a la orquesta de Obdulio Morales, una figura clave del desarrollo musical cubano que estudiaba las células rítmicas africanas desde 1936. 

Morales fundó el Grupo Coral Folklórico de Cuba, por el que pasaron Candita, Merceditas Valdés, Xiomara Alfaro, Juana Bacallao y Bertha de Cuba, entre otras.

En 1941 debutó en el Teatro Martí con la Compañía Batamú, la primera compañía artística del género afrocubano y su trampolín internacional.

Ese mismo año la contrataron para el Teatro Lírico de México. Empezó así una carrera que la llevaría a recorrer casi veinte países de América, Europa y África.

Candita hablaba con genuino orgullo de los rechazos que sufrió por el color de su piel.

Los directores del teatro Artigas y Campos «no querían negros, cosas de la época», pero el espectáculo de la Compañía Batamú fue un éxito rotundo, y eso abrió puertas que el prejuicio había cerrado .

En Europa fue bautizada de múltiples formas: «La Vedette Negra de Cuba» (por los españoles), «La Emperatriz del Afro», «La Diosa del Ébano», «La Negra Afrocuba». En Sevilla, en 1951, la llamaron «la máxima figura cubana de color».

En Francia ganaba 800 francos por jornada. En Bruselas, el Cabaret Parisiens la repitió a solicitud del público desde el 22 de septiembre de 1950. Se presentó en el Olympia de París con Maurice Chevalier y Charles Aznavour.

Compartió escenario con Nat King Cole, Josephine Baker, Lola Flores, Ernesto Lecuona, Bola de Nieve, Rosita Fornés.

Su interpretación de «Angelitos Negros», del poeta venezolano Andrés Eloy Blanco, se convirtió en su carta de presentación por el mundo. Le imprimió un dramatismo que la distinguió de todas las versiones anteriores.

En Barcelona, España, tuvo el privilegio de conocer a los autores de la canción y ellos halagaron su forma de interpretar esa pieza antológica.

Candita consideraba a España su segunda patria. Vivió en Barcelona cerca de doce años, y allí la firma Columbia la catalogó entre las cantantes más populares.

Regresó definitivamente a Cuba el 5 de abril de 1959, tras el triunfo de la Revolución, después de once años en Europa .

Trabajó en radio, televisión, teatros y cabarets. Se presentó junto a Candita Quintana, Carlos Pous y otras figuras de la escena cubana .

En 1970 se estableció definitivamente en Camagüey. 

Se retiró de las tablas tras la muerte de su segundo esposo, Rubén Amat, el músico y compositor que tanto aportó a su carrera .

Pero no se retiró del todo. En 1986 inauguró, junto al trovador camagüeyano Filo Torres, el «Rincón de Candita y Filo» en la calle Cristo número 2, su propia casa. Allí cantó por primera vez «Angelitos Negros» en 1983, en la inauguración de la peña.

En 2010, al cumplir 94 años, seguía activa como artista profesional, cantando con su grupo Mokekeré en la Casa de la Trova Patricio Ballagas. «Espero vivir hasta los 120 años», dijo esa noche .

En 2014, a los 98, celebró su cumpleaños en la sede de la UNEAC de Camagüey. Armando Pérez Padrón, vicepresidente primero de la organización, recordó que Candita «solo exigía para cantar: ¿dónde tengo que hacerlo?» .

Murió el 1 de abril de 2016, seis meses antes de cumplir un siglo. Su entierro en Camagüey fue una manifestación de duelo popular .

Una periodista le preguntó una vez, ya cerca de los 99: «¿Todavía canta y baila?» Candita respondió con la sonrisa de siempre: «Claro que sí. No como antes, pero siempre tengo la disposición de hacerlo: el ritmo no se pierde, Cuba no se pierde…».

Foto: Cubanos Famosos

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