Abelardo Barroso: El Caruso del son

Abelardo Barroso

Hay voces que no se olvidan porque no se aprenden: se heredan. Abelardo Barroso nació en el barrio de Cayo Hueso, en La Habana, el 21 de septiembre de 1905, y falleció en la misma ciudad el 27 de septiembre de 1972, apenas seis días después de cumplir 67 años. 

Fue cantante y también compositor: el bolero “El panquelero” lleva su firma, letra y música.

Pero lo que lo hizo leyenda fue esa voz nasal, ronca, inconfundible, que los críticos compararon con la de un Caruso del son.

Antes de cantar, Barroso fue pelotero, boxeador, ferroviario y taxista. 

Un día llevaba en su carro a varios músicos de sextetos famosos y, mientras conducía, se puso a cantar. Los pasajeros quedaron tan impresionados que lo descubrieron allí mismo. 

Así entró a la música: por la puerta que le abrieron sus propios clientes.

En 1931 tenía un espacio fijo en la emisora CMBS llamado “Homenaje al danzonete”, donde su voz llevó ese género a todos los hogares cubanos. 

Pero la canción que más lo conmovía era “El huerfanito”. Confesó que lloraba al cantarla, porque le recordaba a sus padres y a los padres de los demás.

Lo que más lo sorprendía era que, en sus giras, los primeros en pedirle esa canción eran siempre los niños.

Su orquesta de madurez, la Sensación, ganó Disco de Oro con “En Guantánamo” y “Arráncame la vida”, y lo consagró como sonero mayor. 

Cuando murió, el cortejo fue multitudinario, y su ataúd fue despedido al compás de “El guajiro de Cunagua”. El pueblo lo despidió con su propia música, que es el mayor honor que puede recibir un sonero.

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