La música coral no es solo la suma de muchas voces: es el arte de convertir la diversidad en armonía, de hacer que cada timbre encuentre su lugar dentro de un mismo aliento colectivo.
En ese universo donde la disciplina se une a la sensibilidad y la guía del maestro se vuelve invisible pero esencial, se inscribe la obra de Juana Rivero Casteleiro, conocida artísticamente como Cuca Rivero, una figura fundamental de la dirección coral y la pedagogía musical en Cuba.
Nació el 25 de junio de 1917 en La Habana. Pianista, directora coral y pedagoga, desarrolló una extensa carrera dedicada a la formación vocal y al impulso del movimiento coral en el país.
Su labor se convirtió en referencia dentro del sistema de enseñanza musical cubano, especialmente en el desarrollo de agrupaciones corales infantiles y juveniles, donde dejó una huella decisiva como educadora y creadora de estructuras vocales de alto nivel artístico. Falleció en La Habana el 12 de septiembre de 2010.
Desde muy joven mostró una fuerte inclinación por el piano y la dirección musical, formándose en un entorno donde la disciplina y el rigor técnico se combinaban con una profunda sensibilidad artística.
Su vocación pedagógica la llevó a trabajar con niños y jóvenes, convencida de que el coro era una de las formas más completas de educación musical y humana. Bajo su dirección, numerosas agrupaciones corales alcanzaron niveles de excelencia interpretativa.
Entre las anécdotas más significativas de su trayectoria se recuerda su capacidad para transformar ensayos en verdaderos espacios de formación integral. Se dice que insistía en la importancia de la respiración colectiva como base del canto coral, y que lograba que sus coros no solo afinaran la voz, sino también la escucha mutua y la disciplina grupal.
En más de una ocasión, ensayos complejos terminaban convirtiéndose en experiencias emotivas que los propios integrantes recordaban como momentos de crecimiento personal.
Su labor como directora coral estuvo acompañada por una constante preocupación por el repertorio, promoviendo obras que fortalecieran la identidad musical cubana.
En ese sentido, contribuyó a la difusión de piezas corales basadas en la tradición popular y académica, integrando arreglos de canciones como «Guantanamera», «El canto del Siboney» y adaptaciones de obras del repertorio lírico y tradicional cubano.
El reconocimiento de su obra llegó con el Premio Nacional de Música en 2006, distinción que coronó décadas de entrega a la enseñanza y la dirección coral. Sin embargo, su mayor legado no está solo en los premios, sino en las voces que formó y en la conciencia musical que ayudó a construir.
Cuca Rivero dejó una escuela de pensamiento coral donde cantar significaba también aprender a convivir, escuchar y construir belleza en conjunto.
Foto: Tomada de Ecured
