Rosendo Ruiz Quevedo: El hijo del trovador que hizo bailar a Marte

Rosendo Ruiz Quevedo

En los años cuarenta, en la tertulia del Callejón de Hamel, se reunían los muchachos del filin: César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Ñico Rojas. Entre ellos estaba Rosendo Ruiz Quevedo, hijo del gran trovador Rosendo Ruiz Suárez. 

De aquel ambiente salió «Hasta mañana, vida mía» (1945), un bolero elegante que se convirtió en el tema obligado de despedida de aquellas noches que se prolongaban hasta el amanecer.

Era su carta de presentación: demostraba que no era solo el heredero de un apellido, sino un creador con voz propia.

Pero Rosendo tenía otra ambición. En 1955, el mismo año en que el chachachá empezaba a contagiar al mundo, compuso para la Orquesta América dos piezas que rompieron los moldes: «Rico vacilón» y «Los marcianos». La segunda contaba que los extraterrestres habían llegado a la Tierra bailando un ritmo al que llamaban «ricachá». 

El éxito fue arrollador: «Rico vacilón» superó las trescientas grabaciones y se editó en numerosos países, y ambos temas le valieron el Premio Wurlitzer en México, otorgado por la Asociación de Comentaristas Radiales. El hijo del trovador había conquistado la pista de baile.

En los años cincuenta, junto a José Antonio Méndez y otros autores del filin, fundó la editora Musicabana, de la que fue presidente, para proteger la música cubana de los consorcios transnacionales. Llegaron a desafiar al monopolio de la Southern Music Company. Fue vicepresidente de la Sociedad Cubana de Autores Musicales y participó en el Festival Noches Blancas de Leningrado. 

Murió en La Habana el 27 de junio de 2009, dejando un catálogo que va del bolero más íntimo al chachachá más despreocupado.

Foto: genius.com

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