Hay saberes que no se enseñan: se contagian. La música cubana no se queda en el oído, baja por los hombros, despierta las caderas y encuentra en los pies su forma más honesta de decir “aquí estoy”. Bailar, en Cuba, es también una manera de pertenecer, de reconocerse en la memoria viva de un pueblo que ha hecho del ritmo una identidad.
El próximo miércoles 15 de abril, a las 4:00 p.m., en el habanero Patio de la Rumba del Conjunto Folklórico Nacional de Cuba, darán inicio talleres comunitarios de bailes populares criollos, abiertos a todas las edades.
Esta iniciativa, concebida como un espacio inclusivo y formativo, invita a los participantes a acercarse no solo al movimiento, sino también a la riqueza de la cultura y las tradiciones que sostienen cada paso.
A partir de esa fecha, los encuentros se realizarán todos los lunes y miércoles a las 4:00 p.m., manteniendo una frecuencia que favorece el aprendizaje progresivo y la integración colectiva. En cada sesión, los asistentes podrán explorar ritmos emblemáticos de la isla —como la rumba, el son o la salsa— en un ambiente cercano, dinámico y participativo.
La sexagenaria compañía, desde cuyo Patio de la Rumba se impulsa esta acción, ha sido reconocida por su labor en la promoción de las expresiones culturales tradicionales, fomentando el intercambio entre generaciones y la preservación del patrimonio inmaterial.
Más que aprender a bailar, esta propuesta comunitaria ofrece la posibilidad de habitar la cultura desde el cuerpo, de compartir en colectivo y de descubrir que cada giro, cada palmada y cada paso llevan consigo una historia.
Quienes se acerquen encontrarán no solo un taller, sino un espacio de encuentro donde la música deja de ser fondo para convertirse en experiencia viva.
