Había en su forma de tocar una especie de luz que parecía venir de los surcos mismos de la historia cubana: un piano que no solo sonaba, sino que conversaba con el corazón del público y con los ritmos que fluyen desde las calles hasta los grandes escenarios.
Lázaro Valdés Espinosa fue un alma hecha de notas profundas, de son y jazz entrelazados, de armonías que honraban a la tradición y abrían puertas a nuevas formas de entender la música cubana. Su vida fue un canto sostenido a la vitalidad sonora de su pueblo, un testimonio de que la música puede ser, a la vez, investigación y ternura expresada en teclas.
Nacido el 17 de diciembre de 1940 en La Habana, se formó en el Conservatorio Profesional de Música “Mariano Pérez Sánchez” y desde joven abrazó con pasión los ritmos de la isla, perfeccionando su arte entre sones, danzones y compases de jazz.
Fue pianista, compositor, arreglista, investigador y director de agrupaciones que llevaron la música cubana más allá de las fronteras locales. Un hito notable de su carrera fue su papel como último pianista de la Banda Gigante de Benny Moré, y luego director de esa venerada orquesta después de la muerte del legendario “Bárbaro del Ritmo”, labor que ejerció con profundo respeto por la herencia musical de su amigo y colega.
Valdés también lideró su propia agrupación, Son Jazz, desde 2003, fusionando géneros con sensibilidad y rigor, e interpretando obras que evocaban la esencia cubana con matices contemporáneos. Su carrera fue reconocida con distinciones como la Medalla Raúl Gómez García y la Distinción por la Cultura Nacional, que celebran su contribución al tejido cultural del país.
El 1 de enero de 2023, en La Habana, la música cubana perdió a este maestro que, con sus dedos sobre el piano, siempre supo hablar el lenguaje del alma. Tenía 83 años cuando la luz de su vida se extinguió, pero su legado perdura en cada acorde que aún vibra en el aire de los clubes, teatros y corazones que lo escucharon.
Lázaro Valdés no solo tocó música: la hizo conversar con la historia, con las raíces y con los sueños de una nación que aún sigue encontrando en sus notas motivos para bailar, recordar y sentir.
