Hay músicos cuyo arte no solo se escucha, sino que se siente como paisaje hecho sonido: el susurro del viento entre los algarrobos, la luz dorada del amanecer sobre las calles antiguas, la calidez de un abrazo cubano en la penumbra de una sala.
Así emergió la música de Jorge González Allué, un pianista cuya obra fue una geografía del alma, un mapa sonoro donde la tradición y la innovación hallaron un mismo pulso rítmico.
Jorge González Allué nació el 10 de febrero de 1910 en Camagüey, cuna de historias y melodías que marcarían su destino desde muy joven. Su talento se reveló pronto: con apenas diez años recibió sus primeras lecciones de piano y progresó bajo la guía de maestros como María Josefa González Allué y María Larín, hasta graduarse en 1925, a los 15 años, en piano, solfeo y teoría en el Conservatorio Nacional de Música Hubert de Blanck en La Habana.
Desde la adolescencia se movió con naturalidad entre los escenarios y el oficio musical. A los 12 años tocaba en la orquesta de Alberto Noriega Varona y acompañaba proyecciones de cine mudo. En 1931 ofreció su primer recital público, estrenando piezas propias como “Mulata“ y “Negro bembón“, musicalizaciones de poemas de Nicolás Guillén.
La década de los 30 marcó un punto de inflexión: en 1935 fundó su propia agrupación, la Orquesta Yemayá, con formato de jazz band que pronto lo llevaría a los micrófonos de la emisora CMJK y a destacadas presentaciones en Cuba y en el extranjero, incluyendo Colombia y Perú. Sin embargo, fue en 1937 cuando compuso la pieza que lo consagró: “Amorosa guajira”, una canción que, inspirada en la campiña cubana y estrenada por Luis Raga, trascendió fronteras y versiones para convertirse en uno de los estándares más populares del repertorio cubano.
A lo largo de su vida, González Allué compuso más de 300 obras, abarcando sones, boleros, guarachas, música para orquesta y teatro musical, aunque gran parte de este amplio catálogo aún permanece poco difundido. Además, ejerció como docente y exploró profundamente el folklore musical de Cuba y América, aportando no solo con su talento como intérprete sino como formador de nuevas generaciones.
Dedicó años también a la dirección de comedias musicales y a la creación de arreglos y programas que nutrieron la cultura sonora de la mayor de las Antillas. Finalmente, se jubiló en 1973, tras décadas de actividad y contribución artística.
Jorge González Allué falleció el 3 de noviembre de 2001 en su Camagüey natal, dejando un legado imborrable en la historia musical de Cuba, celebrado no solo por “Amorosa guajira”, sino por la profundidad y riqueza de su obra.
