Charlie Durán: Seguiré cantando, esté donde esté

Charlie Durán

El cantante Charlie Durán se reafirma como uno de los rostros jóvenes más singulares de la escena musical cubana reciente, en un trayecto marcado por la autogestión, la disciplina y una profunda fe en el poder sanador del arte.

Su historia personal y artística articula una narrativa de transformación constante: del muchacho que cantaba por intuición al intérprete que hoy combina su carrera como solista con su presencia en la histórica agrupación Moncada, decidido a consolidar una voz propia en medio de un panorama competitivo y cambiante.

El año 2025 fue para Charlie un punto de inflexión, que él mismo describe como un tiempo de cambios profundos, alegrías intensas y también momentos difíciles, colocados en una balanza que finalmente se inclina hacia el crecimiento.

Habla de una transformación “física y mental, completamente”, entendida no solo como un cambio de imagen, sino como un reajuste integral de su manera de estar en el escenario y de relacionarse con el público.

Para el cantante, la clave ha sido sostener una actitud de gratitud y defender siempre una energía positiva que intenta transmitir en cada presentación, en cada entrevista y en cada nueva canción. Esa mezcla de vulnerabilidad y determinación marca su discurso cuando mira hacia el 2026: “echar para adelante y seguir por un buen camino”, resume.

Nacido en Holguín el 4 de agosto de 1998, Durán creció en un entorno familiar fuertemente marcado por la música, donde el abuelo, el padre y la madre funcionan como primeras referencias sonoras y afectivas.

Más que una formación académica en conservatorios, su aprendizaje se construyó desde la práctica, los escenarios y el empuje de las estructuras de promoción cultural, en particular el Movimiento de Artistas Aficionados, al que se incorporó tras cumplir el Servicio Militar.

Su “escuela” inicial fueron algunas peñas y espacios comunitarios, y una de sus primeras presentaciones importantes tuvo lugar en la peña “El jardín de los recuerdos”, a la que llegó invitado por la locutora Carmen Iglesias, experiencia que él mismo identifica como un punto de giro hacia la profesionalización del oficio.

A falta de una formación reglada, Durán fue construyendo una educación musical integral a partir de la experiencia directa: ensayaba en casa, cantaba en vivo, se enfrentaba al micrófono del estudio y, paso a paso, se apropió de herramientas técnicas que le permitieron no solo interpretar, sino también componer, grabar, producir y masterizar su propio material.

Entre sus referentes menciona a figuras como Pablo Alborán, Luis Miguel, Cristian Castro, Andrea Bocelli y Enrique Iglesias, una constelación que revela su cercanía estética con la balada y el pop romántico, géneros desde los cuales articula una identidad vocal centrada en la emotividad y el fraseo limpio.

Sus letras transitan por el amor, el desamor y las vivencias cotidianas, con un énfasis declarado en la honestidad emocional y el respeto al público, al que reconoce como juez y cómplice indispensable de su crecimiento.

Antes de llegar a Moncada, Durán pasó por Wena Onda, una banda popular que le permitió familiarizarse con el mundo de los espectáculos, la dinámica de los conciertos y las exigencias de sostener un repertorio frente a públicos diversos.

Su incorporación a Moncada lo colocó dentro de una de las agrupaciones más emblemáticas de la música cubana, con una larga historia de compromiso social y una sonoridad muy reconocible.

En paralelo a su trabajo con Moncada, Charlie se consolida como solista independiente, hace ya casi siete años. Esta doble pertenencia que le permite nutrirse de las dos dimensiones: la intimidad del proyecto propio y la potencia colectiva del formato de banda.

El álbum Vendaval se erige como una de las concreciones más claras de su trabajo en solitario, un disco que ha levantado prácticamente desde casa, asumiendo tareas de composición, grabación, producción y masterización, lo que subraya su perfil de artista autogestionado.

De ese universo creativo se desprenden sencillos como “Axioma” y “Culpable”, temas que ya circulan entre su público y que el propio Durán destaca como parte fundamental del repertorio con el que aspira a dejar de ser identificado únicamente por versiones de otros artistas.

Uno de sus objetivos declarados es construir una audiencia que vaya a sus conciertos para escuchar su música original, más allá de los covers que todavía ocupan un espacio importante en muchos escenarios.

El tránsito desde el “cantante de versiones” hacia el autor-intérprete que defiende su propio catálogo resulta, en su caso, no solo un reto artístico, sino una declaración de madurez profesional.

De cara al 2026, Charlie proyecta un horizonte de consolidación, en el que espera cosechar los frutos de la transformación vivida en el año anterior.  No habla de metas grandilocuentes, sino de “seguir cantando, esté donde esté”, seguir trabajando, grabando, presentándose en vivo y aprovechando cada espacio de difusión, desde los medios tradicionales hasta las plataformas digitales.

La gratitud atraviesa todo su discurso: agradece a las personas que lo acompañan, a quienes le han ofrecido oportunidades, a los colegas que lo han acogido en proyectos como Moncada y a los seguidores que comienzan a reconocerlo por sus canciones.

Foto: Tomada de Periódico Ahora

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