Delia Hechavarría Villalón: una vida en tres actos

Nació en Santiago de Cuba el 1 de octubre de 1893. Su madre le puso las manos sobre el teclado antes que cualquier profesor. Luego vino Rafael Salcedo, el maestro que formó a varias generaciones de pianistas cubanos.

En algún momento de la década de 1910, Delia salió de Cuba. Tocó en Nueva York. Las fuentes dicen que tuvo éxito, pero no dicen dónde ni ante quién. 

Ese silencio documental es, en sí mismo, elocuente: una mujer joven, pianista, cubana, en los circuitos de concierto de Estados Unidos a comienzos del siglo XX.

Volvió a La Habana. Murió allí el 28 de diciembre de 1916, con 23 años. No dejó grabaciones ni testimonios escritos. Solo quedó su nombre en los diccionarios de música cubana, con tres líneas de información.

Su historia es la de tantas mujeres músicas de su época: recordadas en un renglón, olvidadas en el resto.

NOTA EDITORIAL:

Lamentablemente de Dalia Hechavarría Villalón no se conservan fotos que pudieran acompañar esta reseña.

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