Laíto Sureda resucitó cantando «Idilio»

Laíto Sureda

Nació en el barrio La Juanita de Cienfuegos, el 7 de mayo de 1914, en un hogar tan humilde que no hubo otra fortuna que una marcada inclinación por la música. 

Su madre lo chiqueó llamándole Estanislaíto, pero la ley del menor esfuerzo convirtió aquello en el mote que lo acompañaría toda la vida: Laíto.

Cuando llegó a La Habana en 1944, cargado de sueños y resuelto a triunfar, la competencia era feroz. «La comida no era fácil», recordaba años después. «Imagínate cómo andaban las cosas, que el paisano Benny Moré tenía que pasar el cepillo». 

Pero Laíto nació tocado por la buena estrella y muy pronto se incorporó al increíble ambiente musical citadino, donde se bailaba hasta el amanecer.

Su voz aterciopelada y versátil lo llevó a las grandes ligas. 

Ingresó a la Sonora Matancera en 1954, sustituyendo a Bienvenido Granda, y allí colocó sonadísimos éxitos: «Cañonazos», «Cualquiera resbala y cae», «Nocturnando» y el dúo con Celia Cruz en «En el bajío».

 Pero fue «Idilio», aquel bolero-son compuesto por el puertorriqueño Alberto Amadeo en 1930, el tema que se convertiría en su sello personal.

Luego llegó un largo silencio. Laíto se retiró de los grandes escenarios y pasó décadas en una suerte de olvido, hasta que a mediados de los noventa, cuando ya rozaba los ochenta años, ocurrió el milagro. 

Animado por admiradores colombianos —»me sacaron de las tinieblas», declaró— grabó un nuevo disco titulado precisamente «Ahora comienzo a vivir». 

Su interpretación de «Idilio» en un videoclip fue tan magistral que un suspiro multitudinario recorrió Cuba entera.

Laíto Sureda falleció el 8 de septiembre de 1999 en La Habana, pero su resurrección musical, esa proeza que emuló a la de Abelardo Barroso, demostró que la buena música no tiene edad.

Foto: La Jiribilla

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